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Qué fue de Benedicto Villablanca, el boxeador chileno que perdió el título mundial por secretaría

El médico mira con gesto serio la ceja del puertorriqueño Samuel Serrano y hace un gesto negativo con la mano. En ese momento, estalla el teatro Caupolicán , la gente salta al ring y aparecen en escena varios Carabineros. Benedicto Villablanca, que va de abrazo en abrazo, acaba de lograr lo que ni Martín Vargas, ni Arturo Godoy, ni Estanislao Loayza pudieron. Chile por primera vez tiene un campeón del mundo en el boxeo.

Esa alegría duró del 5 de al 24 de junio de 1982. Diecinueve días en que la euforia dio paso a la frustración. La Asociación Mundial de Boxeo (AMB) le arrebató por secretaría el cinturón al púgil nacional, pero él sigue sosteniendo que se lo ganó en el ring. “Aunque haya mucho campeones mundiales que sean chilenos, yo fui el primero y de una de las organizaciones más poderosas del mundo. Me siento orgulloso, me siento campeón del mundo, logré mis metas”, le dice a Emol.

Los orígenes y la pelea de su vida

Villablanca partió en el boxeo porque quería venganza. Su padre tenía un aserradero y se tuvo que ausentar un tiempo. “La gente tiene que trabajar” y “mientras yo no esté, tú eres el jefe”, fueron las instrucciones que le dio antes de irse. Sin embargo, algunos empleados miraban con recelo al nuevo “patrón”.

“Dentro de la gente que trabajaba para mi papá, había varios boxeadores. Al joven este le pareció mal que yo, como era más chico que él y menor de edad, lo mandara. Así que me desafió a pelear y yo le dije que bueno. Yo no tenía idea. Me colocó unos guantes negros y empezó la pelea. Me pegó un combo en la sien y me dejó medio aturdido. Ahí me prometí que iba a entrenar y entrenar hasta que me desquitara de él por haberme golpeado”, cuenta.

Poco a poco fue escalando en el peso superpluma. Partió como amateur, fue seleccionado nacional y luego dio el salto al campo rentado. Pese a no ostentar un récord rimbombante, se consagró campeón de Chile y campeón latino de la Asociación Mundial de Boxeo. También se pudo vengar del hombre del aserradero.

En 1981 llegaría su gran oportunidad, cuando su vida se entrecruzó con la de Ricardo Liaño. Liaño era un emigrante español que llevaba mucho tiempo radicado en Chile. Para algunos era un vividor, para otros un soñador utópico. Trabajó como periodista de política internacional, productor de espectáculos y promotor de boxeo.

Un día, se asomó por la Federación. Andaba en busca de un púgil que le diera al país el primer título mundial.

“Miró a varios boxeadores y eligió a uno. Un tipo que boxeaba bonito, como que tenía un ángel. Entonces, habló con mi entrenador, Galvarino Olave, y él le dijo: ‘No, él no le sirve. Él que le sirve es Villablanca, el que está ahí. Ese es un hombre responsable, viene todos los días al gimnasio, el otro que está eligiendo usted viene de vez en cuando no más'”, rememora el deportista.

Un mes después, Liaño y Villablanca viajaron a Puerto Rico para la pelea de Samuel Serrano, monarca de la AMB, contra el japonés Hiraku Tomonari. Sentados en primera fila, vieron el poderío del local, que se impuso por nocaut técnico. “¿Eres capaz”, preguntó el promotor. “Sí, ningún problema”, respondió el boxeador. El combate quedó sellado.

Villablanca recuerda que la prensa de la época le daba muy pocas chances de ganar y que el día de la pelea ni siquiera tenía entradas para su familia. Liaño le explicó que no le iba a pasar porque se había gastado mucho en el evento y había que pagarle al campeón. Discutieron fuerte. En medio de ambiente tenso y pesimista, Villablanca se motivó aún más. Subió al ring del teatro Caupolicán decidido a callar bocas.

Con short azul y guantes rojos, el chileno trataba de achicarle el ring a su rival. Pero Serrano aprovechaba los once de centímetros de ventaja que tenía para dominar con un jab filoso y certero. Villablanca no se rendía y embestía como un toro. En una de esas furiosas combinaciones, le produjo un corte en la ceja a su rival y el árbitro llamó al médico. El Caupolicán era un hervidero, el “Chile, Chile, Chile” retumbaba con estridencia.

El médico dio el pase para seguir. La pelea se convirtió en un brutal toma y dame, en el que “Sammy” sacaba ventajas. Villablanca cayó a la lona con una derecha y volvió mareado hacia su rincón. Siguió batallando, encajando varios golpes y en ocasiones amarrándose a su rival para palear el castigo. A esas alturas, solo lo sostenía el orgullo y la ambición.

Pero en el undécimo round la herida de Serrano se volvió a abrir y la pelea se paró. Villablanca era el ganador por nocaut técnico y levantaba el cinturón al son del himno patrio. Ese cinco de junio del ’82 llovía a cántaros. “Hasta Dios lloró por haber logrado el título mundial”, le comentó a su entrenador.

Al igual que el puertorriqueño, el chileno terminó con un corte y lo tuvieron que llevar a la Posta Central. El médico lo quería dejar en observación un día, pero él se negó. Quería volver a Melipilla. Se imaginaba que la ciudad era una fiesta y no se equivocó.

“Me vine para acá y desde Malloco había gente en la calle . Cuando llegué a Melipilla fue algo inolvidable. Seguía lloviendo torrencialmente. Habían camiones, autos, todo tipo de vehículos, gente a pie, todos esperando para saludarme. Me llevaron a la Alcaldía, me subieron arriba de una mesa y estaba repleto. El cariño de la gente es inmenso. Me costó mucho salir, estuve metido un par de horas”, relata.

Se queda sin título

Después de que terminó la pelea, “Sammy” se quejó por los cabezazos de Villablanca y se preveía que su equipo no se iba a quedar de brazos cruzados. “No te miento que le tiré varios cabezazos, pero no le pegué ninguno. Yo le partí la ceja con un derechazo y ahí el árbitro paró la pelea. Le hicieron un favor a él”, admite.

Fue una pelea brava (Pantallazo TVN).

Serrano apeló a la AMB, que revisó videos y el informe del árbitro Jesús Celis. Luego de eso, el organismo sentenció que el corte se produjo por un cabezazo, por lo tanto, invirtió el resultado, ya que el centroamericano iba por delante en las tarjetas al momento de detenerse el combate. Para Villablanca, sin embargo, la explicación no está en el reglamento.

“Pesó el dinero. El presidente del Comité de Campeonatos del Mundo, Luis Batista Salas, era de Puerto Rico. Cuando recién se supo que me iban a quitar el título, mi promotor dijo vamos a ir a Puerto Rico a defender con todo, pero fuimos a la semana después, cuando estaba todo cocinado”, apunta.

Llegaron un día sábado y el domingo los recibió Batista Salas. Villablanca entró junto a su promotor y a su entrenador, pero solo él habló, sentado frente a frente con el dirigente.

a Batista Salas a reproducir el cassete que llevaba consigo y lo hizo cambiar de opinión. “Por lo que yo veo, usted es campeón del mundo. Pero, ¿sabe lo que pasa? Yo no puedo dar marcha atrás con el fallo que ya tengo, porque yo soy alcalde en Puerto Rico y estoy postulando a gobernador. Yo no puedo hacer nada. Lo único que puedo hacer es darle otra oportunidad para pelear otro título y no una revancha. Le puedo dar una pelea con Roger Meyweather”, le habrían dicho al chileno. No le quedó otra que aceptar.

Esa pelea con el estadounidense Mayweather, tío de Floyd, se hizo en 1983, pero la perdió antes de subirse al ring. Cuando faltaba una semana, sufrió la fractura de una costilla en un entrenamiento en Miami y el médico le ordenó reposo absoluto. Sin embargo, su equipo le recordó que ya habían contratos firmados y que tenía que presentarse. “Si no, nos quedamos todos detenidos acá”. Lo noquearon en el primer round.

Villablanca reconoce que después de todo lo vivido se “aburguesó”. Ya no iba a entrenar siempre y peleaba por las bolsas, dándole un poco lo mismo ganar o perder. Finalmente, se retiró en 1985.

Tras colgar los guantes, el melipillano siguió trabajando en la empresa Batta y luego hizo clases de educación física en la Policía de Investigaciones. Hoy dice vivir tranquilo y sin remordimientos: “Cuando fui campeón mundial no estuve tranquilo ni en mi casa ni en ninguna parte. Es terrible ser famoso, pierdes tu privacidad. Ahí vienen todos los excesos. El trago, la droga, las mujeres. Vives en otro mundo, todo eso me sirvió de experiencia para decir: ‘Gracias a Dios que me quitaron el título mundial’. A lo mejor habría terminado en la droga, alcohólico o hasta muerto.”

 

Fuente: emol

 

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