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El último homicida condenado a muerte en Chile, cómo se salvó y su reciente intento por quedar libre

Hugo Gómez Padua fue el último criminal en ser condenado a muerte en Chile. En 1999, violó, asesinó y descuartizó a una niña de 10 años, de quien había ganado su confianza con dulces y regalos.

El hecho conmocionó al país, pero fue salvado por la campana, pues un año después de conocer su sentencia la pena capital fue eliminada de la legislación nacional.

“Yo no encontré nada, nada, nada, absolutamente nada que pudiera yo decir a favor de él. No habían atenuantes”, contaría más tarde su abogada defensora.

Y añadió: “(Él) reconoció que había cometido el delito y él me dice ‘yo dono los órganos a la humanidad’, porque él sabía que merecía la pena de muerte”.

Ahora, a más de 20 años del crimen de Paula López, el homicida intentó salir de la cárcel, pero su solicitud fue revocada. BioBioChile reconstruyó los pasos del asesino. Esta es la historia.

El hallazgo

Uno de los policías removió la tierra con un palo y las sospechas se hicieron evidentes. Poco a poco comenzó a salir a la luz una sandalia, luego unas pequeñas calzas floreadas y finalmente -al interior de una bolsa nylon- parte del cuerpo de Paula Camila López Galdames, de 10 años de edad.

Era la mañana del 9 de Enero de 1999 en Santa Cruz, región de O’Higgins, y por el patio de Hugo Gómez Padua desfilaban carabineros y personal de la PDI. La noche anterior, a eso de las 20:30 horas, la menor había salido de su casa a comprar un globo justamente al negocio que atendía el hombre de origen colombiano. “Vuelvo luego”, habría dicho, pero jamás retornó.

Al cabo de unas horas, el nerviosismo en casa de María Galdames Acevedo, la madre de la niña era evidente. Por eso, a las 02:05 horas de la madrugada de ese día se presentó a la guardia de Carabineros relatando que su hija no aparecía. Lo único que sabía, por vecinos, era que había entrado al quiosco ubicado al interior del domicilio de Gómez Padua y que de ahí no había salido.

Según consta en el parte policial de ese 9 de enero, Carabineros concurrió a la casa del único sospechoso, golpearon puertas y ventanas, pero en lugar de salir él a atender contestó otro individuo, quien les solicitó que volvieran más tarde porque Gómez Padua estaba cansado y con sueño. Sencillamente se negó a dejarlos pasar.

Hasta ahí, había pasado desapercibido, sin embargo, cuando los policías enfilaban hacia su cuartel, familiares de la menor vieron cómo el colombiano salía al patio y cerraba la puerta detrás de él. Ese preciso hecho motivó a que los funcionarios volvieran a entrar a la casa y lo interrogaron respecto de la niña. Ella había comprado globos, se había retirado y no la había vuelto a ver, se defendió.

Paula López | Captura PJUD

Pero sus excusas no fueron suficientes, pues -a eso de las 06:35 horas y con orden judicial en mano- los policías allanaron el domicilio. Lo hicieron en compañía de Gómez, quien en ningún momento demostró nerviosismo.

Registraron la casa y no encontraron nada fuera de lo normal.

Eso, hasta que revisaron el patio. Allí el carabinero Ernesto Leal removió con un palo un sector que estaba cubierto con tierra de hoja y encontró la sandalia. No habían dudas, era de Paula, confirmaron su padrastro y mamá.

La escena, sin embargo, empeoró cuando a unos 70 centímetros de profundidad comenzaron a aparecer partes del cuerpo de la menor y luego de que la PDI encontrara oculto en un baúl de madera un serrucho de poda semicurvo, con una hoja dentada de 35 centímetros; y un cuchillo cocinero largo de 17 centímetros. Ambos tenían señales de haber sido lavados recientemente.

Así, no quedó otra opción que detener a Gómez Padua. Lo sacaron de su dormitorio y fue trasladado a la unidad policial, mientras oponía tenaz resistencia al procedimiento.

Confesión… a medias

Una vez iniciados los peritajes y el proceso contra el homicida de Paula comenzaron a conocerse nuevos y estremecedores detalles: el hombre no sólo había sido el responsable de los hechos antes descritos, sino también había violado a la menor.

Lo primero incluso fue reconocido por el sujeto, quien en una de sus declaraciones contó que creía que la niña había muerto luego de haberle atizado un golpe en la nuca con un palo. Inmediatamente -añade- ella cayó al suelo, la llevó al patio, y luego a una bodega, donde realizó los cortes para intentar hacerla desaparecer.

Sin embargo, señaló que en ningún momento ultrajó a la menor, agregando que estaba “seguro” de que no tuvo “relaciones sexuales con ella y que no se explica el resultado de los exámenes”.

Justamente la evidencia acumulada por los forenses no dejaba dudas respecto a que Gómez Padua había mentido, pues se comprobó que el deceso se produjo por asfixia, degollamiento y descuartizamiento y habían signos inequívocos de la violación.

Familiares tras el hallazgo | Captura | PJUD

“El hombre este se ganó la confianza de la niña. La niña iba todos los días al quiosco, él le regalaba todos los días un dulce. Él en el fondo se hizo amigo de la niña y llegó ese día y la hizo pasar al quiosco y la pasó a su casa y ahí fue cuando violó y la mató”, contaría al Poder Judicial TV más tarde Visitación Carrillo, la exabogada defensora de Gómez.

“Yo no encontré nada, nada, nada, absolutamente nada que pudiera yo decir a favor de él. No habían atenuantes porque no podía decir que la conducta anterior del colombiano había sido irreprochable, no colaboró con la investigación del delito porque no reconoció la violación”, añadió.

Esto último cobra relevancia, pues Gómez Padua había sido condenado en Colombia por el mismo tipo de crimen, pero quebrantó la libertad condicional de la que gozaba en ese país, ingresando de forma ilegal a Chile.

“(Él) reconoció que había cometido el delito y él me dice ‘yo dono los órganos a la humanidad’, porque él sabía que merecía la pena de muerte”
– Visitación Carrillo, exabogada defensora de Gómez Padua

Así las cosas, finalmente, el 12 de mayo de 2000, el hombre fue condenado a morir. Y pese a que su sentencia era clara, aún quedaba un largo camino judicial que aún no llega a su fin.

Salvado por la campana

Un año después de la decisión de María Angélica Mulatti, magistrada del Segundo Juzgado del Crimen de Santa Cruz, en 2001, las cosas cambiaron en Chile. Bajo el gobierno del entonces Presidente Ricardo Lagos se abolió la pena capital -vigente en nuestro país desde 1875- y se reemplazó por presidio perpetuo.

Ello abrió la puerta para que la defensa de Gómez presentara una apelación ante la Corte de Rancagua, la que en un fallo de 771 fojas revocó la sentencia a muerte del colombiano. La determinación fue ratificada más tarde por la Segunda Sala de la Corte Suprema y terminó por salvarse del escuadrón de fusilamiento.

“En la sentencia se falló más desde el punto de vista cristiano, que desde el punto de vista del código penal. Se basaron en que sólo Dios puede disponer la vida del ser humano”
– Visitación Carrillo, exabogada defensora de Gómez Padua

Sin embargo, 20 años después, el condenado volvió a la carga. Esta vez, solicitó -junto a otros tres condenados por violación y homicidio- quedar en libertad, dado que la figura bajo la que fue condenado contempla ese beneficio al cabo de dos décadas. No obstante, los magistrados que integran la Comisión de Libertad Condicional de Santiago denegaron la petición, según se conoció esta semana.

La determinación fue celebrada por la Fundación Amparo y Justicia, organización que representó legalmente a la familia de la víctima.

Captura | PJUD

“Esta noticia entrega tranquilidad a la familia de la víctima y a toda la sociedad, puesto que se trataba de un sujeto con trastornos de personalidad grave e irreversible y que no estaba corregido ni rehabilitado”, sostuvo Ramón Suárez, presidente del organismo.

En esa línea, el abogado recordó el informe psicológico que le practicó el CAVAS (Centro de Asistencia a Víctimas de Atentados Sexuales) de la Policía de Investigaciones en 1999, cuyos resultados concluyeron que “el condenado posee un perfil psicológico con grave deterioro en las relaciones vinculares y afectivas” y “con explosiones de agresividad de tipo sexual-sádico”, además de “desprecio y devaluación de la figura femenina, refractario a la psicoterapia y rehabilitación”.

En buenas cuentas, “constituye un peligro para la seguridad de la sociedad”, cerró Suárez.

Fuente: Biobiochile.cl

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