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“Dona sangre, dona plasma, comparte la vida, compártela frecuentemente”

Por Víctor Irribarra del Valle, académico de la Escuela de Tecnología Médica UNAB Sede Viña del Mar.

En junio se celebra el día mundial del donante de sangre. Este 2023, la OMS promueve la campaña bajo el lema “Dona sangre, dona plasma, comparte la vida, compártela frecuentemente”, que se enfoca en la necesidad de sangre y de plasma para pacientes que requieren transfusiones de por vida.

A través de los años hemos escuchado frases que motivan la donación de sangre. Se han realizado actividades para reconocer a los donantes altruistas; hemos visto cómo los servicios de sangre van a la comunidad con sus colectas móviles; se han realizado esfuerzos para cuidar la calidad de la atención del donante; se han introducido mejoras a los procesos y procedimientos y, en general, se han llevado a cabo diversas iniciativas con el fin de disponer de donantes de sangre altruistas repetidos los cuales, en comparación con los donantes familiares y aquellos remunerados, son mucho más seguros en términos de menor riesgo de portación de infecciones transmisibles por transfusión. Todo lo anterior con el fin de disponer de un suministro de componentes sanguíneos seguros, en cantidad suficiente y de manera oportuna para los usuarios del sistema de salud. Y pese a todos los esfuerzos, vemos que si bien hay personas que responden a los llamados, hay muchos que no. Nuestro país ha suscrito acuerdos para alcanzar determinadas metas de donación voluntaria: el Minsal se comprometió a lograr para el 2012 que el 100% de los donantes tuviera las características de altruismo y repetición necesarias. Si bien es cierto que en nuestro país hay muchas personas que donan sangre, poco más de una década después vemos una gran brecha que nos separa de la meta señalada.

                Se requiere sin duda, educación a los jóvenes, porque la necesidad de sangre es inmediata, pero si lo que se pretende es un cambio en la forma de pensar respecto de la donación de sangre a largo plazo y no sólo que sea algo transitorio para aumentar los stocks cuando estos se encuentran disminuidos, entonces se requiere enseñar a los niños. Urge que la sociedad en su conjunto integre la donación de sangre voluntaria altruista a su vida cotidiana e incluso adopte un estilo de vida compatible con ella ¿Por qué esta dependencia tan grande de sangre humana para las transfusiones? Bueno, porque si bien hay estudios e importantes avances científicos, la sangre aún no se fabrica artificialmente.

                Muchos esperamos ver un titular que diga: “no se necesitan más donantes de sangre, ya contamos con sangre artificial y con acceso universal a ella”. Mientras eso no ocurra, se deben redoblar los esfuerzos e iniciativas para obtener y fidelizar donantes; se necesita continuar con la educación a la población y, como ya he señalado en ocasiones anteriores, se hace indispensable materializar una política pública para educar a los niños desde la etapa escolar respecto de la donación de sangre voluntaria altruista repetida, y de su importancia como soporte terapéutico para muchas personas que dependen de ella para recuperar su salud e incluso para sobrevivir.

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