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Prevención del cáncer labial en verano: revisa las claves para reconocer riesgos y señales de alerta

La exposición a la radiación ultravioleta no solo daña la piel. Especialistas de Odontología UNAB advierten que los labios, especialmente el inferior, son altamente vulnerables durante el verano y entregan recomendaciones para prevenir lesiones potencialmente malignas.

Durante la temporada estival, el aumento de la radiación ultravioleta (UV) representa un riesgo relevante para la salud oral. A diferencia de otras zonas del rostro, los labios —y particularmente el labio inferior— reciben radiación solar directa de forma constante, lo que los hace más propensos al daño actínico y al desarrollo de cáncer labial, una patología que en gran parte es prevenible.

“La radiación ultravioleta genera un daño acumulativo en el tiempo, provocando alteraciones progresivas en las células del labio que pueden derivar en lesiones potencialmente malignas”, explica la Dra. Maureen Marshall, académica de Odontología de la Universidad Andrés Bello y profesora encargada de campos clínicos de la carrera.

Uno de los cuadros más frecuentes asociados a esta exposición es la queilitis actínica, una lesión causada por la exposición crónica al sol que suele manifestarse como resequedad persistente, descamación, fisuras o cambios de color, principalmente en el labio inferior. Esta condición es considerada una lesión precancerosa, ya que puede evolucionar hacia un cáncer labial si no se detecta y trata oportunamente.

En este sentido, la profesora Nury Pérez, académica del área de Rehabilitación Oral de Odontología UNAB, advierte que “muchas veces estos cambios pasan desapercibidos o se atribuyen al clima, cuando en realidad pueden ser señales tempranas de daño solar relevante que requieren evaluación profesional”.

El principal factor de riesgo para el desarrollo de lesiones labiales es la exposición solar crónica sin protección, especialmente en personas que realizan actividades recreativas o laborales al aire libre. A ello se suman características individuales como piel clara, antecedentes de daño solar acumulado y el consumo de tabaco, el cual potencia los efectos carcinogénicos de la radiación UV.

Las manifestaciones clínicas iniciales suelen ser sutiles y progresivas. Es frecuente observar resequedad persistente, descamación, fisuras, áreas blanquecinas o rojizas, así como úlceras o costras que no cicatrizan. La presencia de dolor, ardor o aumento de volumen localizado también debe considerarse una señal de alerta. Toda lesión labial que persista por más de dos semanas debe ser evaluada por un profesional de la salud.

Recomendaciones para prevenir el daño solar en los labios

Protección solar labial diaria
Utilizar protector labial con factor de protección solar (FPS) 30 o superior todos los días, reaplicándolo cada dos a tres horas, especialmente después de comer, beber o nadar.

Evitar la exposición en horarios de mayor radiación
Reducir la exposición directa al sol entre las 11:00 y las 16:00 horas y buscar sombra cuando sea posible, especialmente durante actividades prolongadas al aire libre.

Uso de protección física complementaria
Incorporar el uso de sombreros de ala ancha como medida adicional para disminuir la radiación solar directa sobre el rostro y los labios.

Mantener una adecuada hidratación labial
Favorecer la hidratación de los labios para prevenir resequedad y fisuras, que pueden facilitar la aparición de lesiones asociadas al daño actínico.

Autoexamen y controles odontológicos periódicos
Observar regularmente los labios frente al espejo y acudir a controles odontológicos de rutina, donde el examen labial debe formar parte de la evaluación clínica.

Las especialistas coinciden en que incorporar el cuidado de los labios dentro de las medidas habituales de fotoprotección es una acción sencilla, pero fundamental. La educación, la prevención y la detección temprana son claves para reducir el riesgo de cáncer labial y proteger la salud oral a largo plazo.

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