El anuncio de una eventual venta de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo venezolano a Estados Unidos reactivó el debate sobre sanciones, control económico y geopolítica regional. Para el analista internacional Marcelo Pérez, académico del Campus Creativo UNAB, no se trata de un nuevo negocio, sino de la liberación de crudo que permanecía bloqueado, en un contexto de fuerte deterioro estructural de la industria petrolera venezolana.
El reciente anuncio del expresidente estadounidense Donald Trump sobre la posible venta de entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo venezolano hacia Estados Unidos volvió a instalar a Venezuela en el centro del debate energético y político internacional. Sin embargo, el alcance real de esta operación dista de lo que sugiere el impacto comunicacional inicial.
Según explica Marcelo Pérez, analista internacional y académico de la Escuela de Periodismo de la Universidad Andrés Bello, “esta cantidad de barriles corresponde al petróleo que ya estaba almacenado y que no podía salir del país debido al bloqueo económico”. En ese sentido, aclara que no se trata de una expansión inmediata de la industria, considerando que “Venezuela estaba rondando la producción de 1,3 millones de barriles de petróleo al día en los últimos años”.
El rol histórico de Estados Unidos en el petróleo venezolano
Las declaraciones de Trump, en las que plantea que el petróleo venezolano sería de propiedad estadounidense, también han generado controversia. Para Pérez, esa afirmación carece de sustento histórico: “Decir que el petróleo le pertenece a Estados Unidos es una afirmación prácticamente errada”.
El académico recuerda que el crudo fue nacionalizado formalmente en 1978 y reafirmado como recurso estatal en 2004, aunque reconoce que “sí hay una tradición de intervención norteamericana en el negocio petrolero venezolano”, especialmente desde los inicios de la industria en el siglo XX. No obstante, enfatiza que “eso es muy distinto a decir que el petróleo sea estadounidense”.
Una industria atrasada y sin capacidad de reacción rápida
Más allá de la discusión política, uno de los principales límites de la negociación es el estado actual de la industria petrolera venezolana. “La industria del petróleo en Venezuela está muy atrasada y no ha tenido grandes inversiones desde hace más de diez años”, señala Pérez, apuntando a un deterioro tecnológico profundo.
Incluso si empresas estadounidenses volvieran a invertir en el país, el analista advierte que “estamos hablando de por lo menos diez años para que la industria petrolera venezolana se ponga al nivel de las grandes empresas del mundo”. A esto se suma la pérdida de capital humano calificado, producto de la migración masiva de profesionales vinculados históricamente al sector energético.
Control económico y estabilidad política: el dilema venezolano
Desde una mirada geopolítica, Pérez sostiene que el escenario actual plantea un problema de fondo para Venezuela. “Nunca es positivo que otro país venga a controlar tu sistema económico; eso es una maniobra colonialista sin eufemismos”, afirma, subrayando que cualquier recuperación real requiere antes condiciones de estabilidad interna.
En ese contexto, el académico relativiza la idea de que Estados Unidos busque un cambio de régimen. “El interés de Estados Unidos no es acabar con el chavismo, sino que el negocio del petróleo fluya y no genere problemas”, explica, agregando que mientras exista estabilidad para las operaciones energéticas, el sistema político venezolano pasa a un segundo plano.
Un anuncio con alto impacto comunicacional, pero efectos limitados
Para el especialista, el anuncio responde principalmente a una estrategia comunicacional de Donald Trump, más que a un plan estructurado de transformación económica. “No se le puede tomar la palabra literalmente; de su discurso, solo una parte tiene asidero en la realidad”, sostiene.
Así, aunque el petróleo vuelve a posicionarse como una pieza clave en la relación entre Venezuela y Estados Unidos, los efectos de esta negociación serán, al menos en el corto plazo, limitados. Sin estabilidad política, inversión sostenida y reconstrucción institucional, el potencial energético venezolano seguirá enfrentando barreras estructurales difíciles de superar.
FUENTE: Comunicaciones, Universidad Andrés Bello




