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Ni introvertido ni extrovertido, podrías ser otrovertido: la nueva clasificación de personalidad

En la psicología se dejó atrás la idea de que alguien puede ser introvertido o extrovertido, pues ahora se suma una nueva clasificación: otrovertido.

Durante años, la psicología explicó que la personalidad se dividía en introversión-extroversión, pero este modelo resulta insuficiente para describir a personas que no se sienten parte de la identidad colectiva, más bien que raramente encajan con los demás.

Por eso, para aquellas surge el concepto de otrovertido, acuñado por el psiquiatra Rami Kaminski, quien describe a quienes no orientan su energía hacia el interior ni hacia el exterior, sino hacia la “otredad” o no pertenencia: una posición de observador que no pertenece plenamente al grupo, consigna el portal de la Pontificia Universidad Católica.

¿Cómo es alguien otrovertido?

El otrovertido puede interactuar socialmente y ser empático, pero carece del impulso natural de unirse con el colectivo, con el grupo de amigos, trabajo o familia.

No busca aislarse como el introvertido ni tampoco busca la estimulación constante como el extrovertido, pues su diferencia es estructural.

“Los extrovertidos y los introvertidos son inherentemente comunitarios, mientras que el otrovertido es un extraño al grupo. En sí mismo, no es un problema ni una condición ni una etiqueta diagnóstica”, relató Kaminski a Daily Mail.

“Simplemente, significa que, mientras que la mayoría de las personas aprenden a desarrollar un sentido de pertenencia a un grupo específico a través del condicionamiento social, los otrovertidos siguen siendo sociales, pero no comunitarios”, añadió.

De acuerdo al sitio universitario, el otrovertido prefiere vínculos uno a uno, mantiene independencia emocional y es resistente al pensamiento grupal.

Mientras que el introvertido se retira del grupo para proteger su energía, el otrovertido puede estar en el grupo, interactuando eficazmente, pero sintiéndose “ontológicamente” separado de la experiencia colectiva, como si fuera un visitante.

Al no sincronizarse automáticamente con las emociones del grupo, procesa las señales sociales de forma consciente, lo que implica mayor desgaste y suele confundirse con timidez o cansancio.

La felicidad

En ese contexto, el malestar del otrovertido nace de creer que su dificultad para pertenecer es un defecto, cuando en realidad es todo lo contrario.

Para alcanzar la felicidad, el otrovertido debe aceptar que la incapacidad de incluirse en el grupo no es un fallo, sino una característica que le permite la “independencia de juicio”.

La autoestima no depende de una aprobación externa o grupal, por lo que la soledad se transforma en un espacio de libertad, creatividad e independencia intelectual.

¿Cómo debe actuar un otrovertido en trabajos en equipo y cultura corporativa?

En el ámbito organizacional, los otrovertidos suelen sufrir en culturas centradas en la sociabilidad obligatoria, como lo es un trabajo.

Sin embargo, su capacidad de pensamiento crítico, autonomía y resistencia al consenso los vuelve valiosos para roles estratégicos, de innovación o auditoría en aquellos trabajos que requieren de trabajo en equipo.

“Otorgarles independencia en su trabajo es clave para maximizar su potencial, ya que su capacidad única para permanecer estable cuando la multitud se mueve en una dirección equivocada es un activo”, detalla el sitio.

Por lo tanto, detectar a un otrovertido y darle un espacio para proteger su capacidad única para ver el mundo en forma independiente puede generar grandes beneficios para las organizaciones.

FUENTE: BIOBIO CHILE

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