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Los entretelones del histórico triunfo con el que la U rompió más de dos décadas de maldición en Macul

  • La victoria por la mínima de Universidad de Chile sobre Colo Colo se vivió en el terreno de juego de manera tensa, pero todo lo sucedido alrededor fue dándole forma a una jornada que queda en los libros del fútbol chileno.

Hay que anotarlo. El 10 de marzo de 2024 será uno de esos días que queda marcado en la memoria colectiva de los fanáticos del fútbol local. Ese domingo caluroso en que la U rompió la mala racha de 23 años sin poder ganar en el estadio Monumental, el recinto que parecía inexpugnable, perteneciente a Colo Colo, su más avezado rival. El cabezazo de Israel Poblete, probablemente, emocionará a las huestes laicas por décadas. ¿Cómo se vivió ese día en Pedrero? Lo cierto es que el partido comenzó a jugarse mucho antes de las 18 horas en que estaba programado. Empezó con bastante ruido en las tribunas de Macul, que esperaban un nuevo festejo seguro, y terminó con un silencio histórico en las cuatro esquinas.

Ambos elencos hicieron el calentamiento previo en el campo de juego. Cuando los futbolistas de Universidad de Chile aparecieron a la salida del túnel, empezaron los cánticos: “Son de la B”, se oía bajar de las gradas. La elección de la burla no fue azarosa. A mitad de semana, la delegación presidencial había autorizado un lienzo que le daba un tirón de oreja a los azules: “Desde 1925 jugando en Primera, 99 años de amor incondicional”, manifestaban. También hubo cantos a jugadores, ¿la principal víctima? Matías Zaldivia. “Te dimos de comer”, le gritaban.

Pese a la hostilidad, había uno que se mostraba estoico: Marcelo Díaz. Al capitán de la U parecía que nada le afectaba. No solo eso, reía de manera desafiante. Se mostraba concentrado en la antesala y durante el partido. Ni siquiera el paño con la frase “¿De qué juega: de volante sapo?, lo amedrentó. Al pitazo final era de los más eufóricos y emocionados. “¡Se acabó todo! Faltaba esto. Hay que celebrarlo y dedicárselo a toda la gente de la U, que sobre todas las cosas, siempre estuvo con nosotros, siempre nos apoyan y no dejan de creer. Este es el sentimiento de la U”, dijo tras el compromiso.

Un duelo con tensión

El primer encontrón con el partido en juego fue entre Matías Zaldivia y Carlos Palacios. No es primera vez que el defensor de la U, con un extenso pasado colocolino, se enfrasca en este tipo de situaciones en un partido tradicional. Hace un año, tuvo un intercambio de palabras con Jordhy Thompson. En esta ocasión, tuvo que intervenir Arturo Vidal para calmar los ánimos.

El King fue un elemento relevante también. Su presencia había sido puesta en cuestión y el cuerpo técnico no quería apurarlo, pero sus ganas de estar en el duelo pudieron más. Él mismo había dejado en claro que ante Universidad de Chile no podía perderse el partido: “Me volví a apretar en el mismo músculo del otro día y no estaré para el domingo (ante Huachipato) (…) Con la U no me quedo fuera”, adelantaba. Y lo cierto es que estuvo, pero su presencia se notaba disminuida. Estuvo lejos de ser relevante como en sus primeros encuentros. Incluso por momentos se mostró errático en los movimientos. La técnica la posee, pero con eso no le bastó.

Otro punto de tensión ocurrió fuera de la cancha, pero repercutió dentro. Esto porque cuando el segundo tiempo recién arrancaba, un sector de la fanaticada comenzó a lanzar bombas de estruendo. El duelo se detuvo por algunos instantes y a más de uno se les vinieron los fantasmas de las recientes suspensiones. Pero el partido siguió. Pese a esto último, los petardos continuaron por varios minutos. Pese a que el duelo se terminó (lo mínimo en un torneo de fútbol profesional que se define como serio) en las galerías si ocurrieron incidentes.

De hecho, en el sector de la Garra Blanca había un lienzo de Los de Abajo, la hinchada de la U, y una cabeza de león, símbolo de la barra estudiantil, que eran expuestos como trofeos. En la antesala del Superclásico ambas barras bravas protagonizaron hechos de violencia en sus respectivos banderazos. El de Colo Colo, en el Monumental, y el de Universidad de Chile, en el hotel donde aloja el plantel.

Dentro de la cancha

Cuando Ojeda centró y Poblete cabeceó, el ahora héroe de la U ya estaba siendo uno de los puntos altos de la cancha. De hecho, en las huestes laicas han sido enfáticos en que la cara que buscan exponer es la que mostraron en el primer tiempo y que la faceta defensiva de la segunda mitad responde más bien al contexto del compromiso. En ese sentido, el ex Cobresal se posiciona como uno de los elementos más relevantes para el técnico Gustavo Álvarez.

Durante todo el encuentro, el otrora volante de Huachipato era llamado por el entrenador y este le repartía instrucciones especificas. El mediocampista comienza a empoderarse y demuestra que este tipo de encuentros no le caen mal. El año pasado fue figura en los dos choques ante la UC. “Estos son partidos que uno debe dar más y espero sostener esto en todo el torneo”, dijo después del clásico.

Luego del pitazo final, el primero en saltar, eufórico, fue Marcelo Díaz. Junto a Zaldivia, el exseleccionado nacional fue el más pifiado por el público albo. De hecho, cuando volvieron al vestuario, Carepato tuvo que irse corriendo, protegido por la seguridad. En ese momento, la Garra Blanca seguía apostada en la galería. Por esto mismo, cuando en la U quisieron registrar el instante con una fotografía, los futbolistas posaron con los hinchas del Cacique de fondo.

En la celebración que armaron en el centro del campo, otro que tomó protagonismo fue Cristopher Toselli, quien lideró los cánticos contra Colo Colo. En el camarín, en tanto, los jugadores bailaron y festejaron exhibiendo sus pasos en las redes sociales. Los más viralizados fueron Leandro Fernández y Poblete. Este último, transformado en el talismán de la fanaticada azul.

FUENTE LA TERCERA

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