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Las débiles relaciones interiores de la Cancillería

El viernes 21 de octubre pasado, la presidenta del Partido SocialistaPaulina Vodanovic, llamó preocupada a la canciller Antonia Urrejola.

-Me preocupa el ruido que puedan generar otra vez las declaraciones de Ahumada. Quiero saber si hay una decisión tomada- le dijo la timonel del PS a la responsable de la política exterior chilena, una de las cartas del socialismo en el gabinete del Presidente Gabriel Boric.

-Ya hablé con él, no tengo nada más que decirle-, respondió con pesadumbre Urrejola.

Esa misma semana, parlamentarios de Chile Vamos habían amenazado con la presentación de una acusación constitucional en contra de la canciller por la postergación de la ratificación del Tratado Integral y Progresivo de Asociación Transpacífico (TPP-11). Y aunque la derecha no tenía aún los votos para concretar la ofensiva -la que finalmente fue desestimada el miércoles pasado-, en el PS temían un cambio de escenario tras una nueva aparición en público del subsecretario de Relaciones Económicas, José Miguel Ahumada.

En entrevista a Radio Universidad de Chile, Ahumada había defendido la controvertida estrategia del gobierno -la misma que él impulsaba- de atrasar la entrada en vigencia del TPP-11 a la espera de finalizar las negociaciones bilaterales con los demás países firmantes del acuerdo, con miras a lograr excluir a Chile del mecanismo de solución de controversias definido en ese tratado. Pero, además, el subsecretario se inmiscuyó en el trabajo que realizan otras carteras, como Minería y Economía, en temas como el proyecto para una Banca Nacional para el Desarrollo y anunciar que se estaba avanzando en la creación de una mesa de trabajo para una política industrial regional, en particular con Bolivia y Argentina, que genere una cadena de valor a la minería del litio.

“Los subsecretarios tienen un rol interno administrativo, no tienen capacidad de toma de decisión, ni un rol resolutivo”, le advirtieron a Urrejola desde el PS y desde otros sectores del Socialismo Democrático, exigiéndole que se empoderara en su papel de canciller.

“No puede haber tres cabezas en un ministerio”, transmitió Vodanovic en esa ocasión, algo que también le han pedido a Urrejola sus colaboradores más cercanos dentro del Edificio Carrera. “Es hora de que golpees la mesa”, le han dicho en el propio despacho de la ministra de Relaciones Exteriores.

A casi siete meses de la instalación del gobierno, en el oficialismo afirman que el trabajo de Cancillería ha sido bueno, pero no ha lucido, precisamente por las continuas diferencias entre la canciller y sus subsecretarios y la falta de coherencia entre los distintos equipos.

Este lunes, en un hecho inédito, la encuesta Cadem dejó a la canciller Urrejola en el puesto decimotercero a nivel de conocimiento en la opinión pública, un lugar muy menor para un cargo que tradicionalmente estaba entre en los primeros lugares de visibilidad y figuración. Pero más grave aún, el mismo sondeo reflejaba una caída del 64% en la percepción de la imagen de Chile en el extranjero. Un golpe muy fuerte para un país como Chile, que se ha caracterizado en las últimas décadas por tener una política exterior predecible.

Urrejola dio un golpe en la mesa. El jueves 20 de octubre pasado, dijo que “nos hemos dado plazo hasta fin de año”, tras una “franca” conversación a solas con el Mandatario, en la que pidió al Jefe de Estado clarificar la posición oficial. Ahí le pusieron lápida a la estrategia de Ahumada de esperar el resultado de las side letters, o acuerdos bilaterales, con los países socios del TPP-11.

Cada uno por su lado

Fue a fines de septiembre, en medio de la gira a Nueva York por la Asamblea Anual de las Naciones Unidas, aseguran fuentes del equipo de la canciller, cuando Urrejola habría dicho “no más”.

La gira, encabezada por el Presidente Boric, se veía opacada por el debate sobre el futuro del TPP-11 en el Senado. Y las miradas recaían una vez más en el subsecretario Ahumada, quien insistía en la estrategia de dilatar la firma del tratado.

Desde Santiago, el subsecretario de Relaciones Económicas Internacionales envió numerosos mensajes de audio por WhatsApp, algunos de 14 minutos de duración, al celular de la canciller Urrejola, “ofreciendo disculpas” y promesas de nunca más”, aseguran fuentes diplomáticas chilenas. Hasta un punto en que Urrejola ya no le contestó.

No era la primera vez que Ahumada se disculpaba. “Cuando sabía que lo iban a retar por algo, llegaba con chocolates, o un libro, o flores de regalo”, señalan cercanos a la ministra.

La respuesta de la canciller, entonces, fue exigirle a Ahumada que se vinculara más estrechamente con el secretario general de Política Exterior, embajador Alex Wetzig, cuarto en línea de mando del ministerio, y cercano al equipo de la ministra. Wetzig es parte de la generación de recambio que tomó el control de la Cancillería y miembro del grupo Nuevas Voces de Política Exterior, un grupo de académicos y diplomáticos que apuntan a dar un énfasis renovado al trabajo diplomático y en el que participaban activamente quienes actualmente ocupan algunos de los cargos más importantes de la Cancillería. Entre ellos, la propia Urrejola; su jefa de gabinete, Carola Muñoz; la directora de la Academia Diplomática, Carmen Domínguez, y el director de Planificación, Andrés Villar. Ni Ahumada ni la actual subsecretaria de RR.EE., Ximena Fuentes, forman parte de ese grupo.

En el trato cotidiano, Ahumada no alza la voz, por el contrario, quienes lo conocen de cerca dicen que es “amoroso”, que plantea sus puntos de vista sin discutir, “pero después, hace igual lo que quiere”. Para eso, aseguran en el ministerio, contaba con el respaldo de personeros del Segundo Piso de La Moneda, entre ellos del asesor internacional del Presidente, Carlos Figueroa, exvocero de la plataforma Chile Mejor sin TPP.

Es más, la última entrevista del subsecretario, que generó revuelo por la idea de avanzar en una industria trinacional del litio, había sido coordinada por su equipo y autorizada por la Cancillería, pero aún así generó molestia.

En el ministerio aseguran que Ahumada ha pedido reiteradamente autorización para dar entrevistas y explicar su visión sobre cómo alcanzar una segunda fase de desarrollo productivo. Pero hay una instrucción expresa de que “hable lo menos posible”. Desde que asumió en marzo sólo ha dado cuatro entrevistas, la última fue la del lunes 14 de octubre a Radio Universidad de Chile.

Pero, al parecer, no es suficiente. En el oficialismo han reclamado a Urrejola que asuma el liderazgo de su cargo y de conducción de la cartera.

Desde abril pasado, casi un mes después de llegar al Minrel, se establecieron dos reuniones semanales de análisis y coordinación, los lunes de 8 a 10 de la mañana y los viernes por la tarde, en el comedor y sala de reuniones del piso 15 del Edificio Carrera.

La cita la encabeza la ministra y asisten los dos subsecretarios; el secretario general de Política Exterior, Alex Wetzig; el director de Planificación, Andrés Villar; la directora de Comunicaciones, Lorena Díaz, y todos los jefes de gabinete.

Lo sorprendente, afirman fuentes diplomáticas, en que en dichas instancias el ambiente es muy cordial. Los equipos se conocen de mucho tiempo antes, la mayoría ya había trabajado juntos. Pero en la práctica, los gabinetes de la ministra y de los dos subsecretarios igual terminan trabajando cada uno por su lado.

“Hay una suerte de paz armada, nadie se pelea en público”, afirman diplomáticos chilenos.

Y aunque los principales problemas de la canciller han sido con Ahumada, en el ministerio resienten la falta de complicidad entre Urrejola y la subsecretaria de RR.EE., Ximena Fuentes.

La abogada, experta en derecho internacional de aguas, vinculada al Frente Amplio, tiene una larga trayectoria en el ministerio, donde se desempeñó en la Dirección de Fronteras y Límites (Difrol) y en los litigios que enfrentó Chile en el Tribunal de La Haya, siendo la agente de Chile en la controversia con Bolivia por el río Silala, y uno de los nombres que sonaban en enero pasado como eventual carta para asumir la cartera.

De las tres primeras autoridades del Minrel, Fuentes es quien mejor conoce la interna de Cancillería, pero hasta hace muy pocas semanas, prácticamente no se involucró en los conflictos entre la canciller y Ahumada, ni en otras tareas que no le hubieran sido directamente asignadas al inicio de la gestión.

Esas tareas, sin embargo, no incluyen aquellas áreas donde ella tiene mayor expertise, como son los temas de política vecinal, un ámbito que tradicionalmente recaía en el subsecretario de Relaciones Exteriores, pero que ahora fueron delegadas a Alex Wetzig y a la propia canciller.

A Fuentes le correspondió presentar la reclamación de Chile por la plataforma continental frente a las pretensiones argentinas, por lo que ha quedado fuera del trabajo de acercamiento del gobierno de Boric con su par transandino. Y como agente de Chile ante La Haya por el Silala, tampoco se le asignaron tareas en el proceso de aproximación a Bolivia.

Sobre sus hombros recayó el impulsar “la diplomacia turquesa” y “feminista”, dos de los temas prioritarios de la política exterior del gobierno de Boric, pero que hasta ahora no tienen definiciones concretas ni instrucciones precisas sobre cómo se piensa implementar.

La falta de visibilización del trabajo de Cancillería en esos ámbitos, incluso, molestó al Presidente Boric. El Mandatario, de hecho, reprendió a Urrejola por no haber encabezado personalmente la delegación chilena a la última reunión preparatoria de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (COP 27) que se realizará en Egipto entre el 6 y el 18 de noviembre. Por Chile asistieron en esa ocasión la ministra de Medio Ambiente, Maisa Rojas, y Ximena Fuentes por la Cancillería, y pese a la importancia de la cita, no ha tenido cobertura más allá de un tuit en redes sociales.

El equipo de trabajo de Fuentes en el gabinete de la subsecretaría es muy pequeño y no pertenecía a su círculo más cercano y de confianza.

Los principales aliados de Fuentes en la cartera, aseguran fuentes del ministerio, son Johanna Klein, coordinadora del programa de defensa de arbitrajes de inversión extranjera, y la actual directora general administrativa, Claudia Rojas, a quien se trajo del mundo privado.

En el entorno de la canciller, eso sí, reconocen que Ximena Fuentes en el último mes ha tomado un rol más activo en las crisis que ha enfrentado la cartera. A mediados de septiembre, fue la subsecretaria quien recibió al embajador de Israel, Gil Artzyeli, para descomprimir el impasse a raíz de la decisión de última hora del Presidente Boric de suspender la recepción de las cartas credenciales. Decisión calificada de “desconcertante” por la diplomacia israelí.

No sólo eso, en las últimas giras al extranjero que ha realizado, la subsecretaria, por iniciativa propia, ha llamado a la canciller Urrejola para saber cómo está y apoyar en ámbitos más allá de sus tareas específicas.

Fuente: La Tercera

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