Hace algunas semanas inauguré un nuevo hobby: revisar archivos de periódicos centenarios de Concepción, mi ciudad, y transcribir noticias antiguas que me parecen notables.
(Sí, suena adrenalínico).
Pero en realidad es fascinante. Una noticia de 1835, apenas lograda la independencia, es un portal al pasado. Es ver las cosas como las veían quienes vivieron en aquella época. Y de paso, no sólo he podido aprender de historia, sino que me ha impresionado cómo nuestro idioma podía ser tan distinto hace 200 años.
De ahí una duda. Si nuestro el español que hablamos era diferente entonces, ¿cómo será el que hablemos y escribamos en otros 200 años?
Utilicé DuckDuckGo y Claude (IA) para investigar, en opinión de expertos lingüistas y académicos, cómo sonará el español del futuro, y sobre todo el chileno. Las respuestas no podían ser menos fascinantes…
El yeísmo y la desaparición de la “LL”
Mi esposa es de El Salvador (el país de Bukele, no el mineral) y suelo molestarla con que su pronunciación del color es “amariio“, con una “ll” muy suave, como si apenas existiera. Eso sí, “apoyo” lo pronuncia marcado al igual que nosotros, como el “shó” de los argentinos.
Esa diferenciación al pronunciar la “ll” (suave) y la “y” (marcada) se está extinguiendo en un fenómeno denominado por la RAE como “yeísmo“, y del cual 90% de los hispanohablantes ya somos parte, incluídos los chilenos.
El yeísmo comenzó a documentarse con claridad desde el siglo XVI tanto en España como América. Para 1989, áreas tradicionalmente conservadoras como Bogotá y gran parte de España lo estaban adoptando rápidamente en el lapso de una sola generación. Claro, en la zona centro-sur de Chile ya era dominante en la primera mitad del siglo XX mientras que, en Ecuador, hay evidencia desde 2009 de que el yeísmo comenzó a aparecer en el habla de las clases medias y altas.
La RAE asegura que “este proceso sigue en expansión y se extiende hoy por todo el ámbito hispánico, aunque no puede considerarse terminado”. Todavía.
¿Desaparecerá entonces la letra “ll” del alfabeto? Es posible, porque su justificación se debilitará progresivamente. La RAE ya había retirado en 2010 a la “ch” y la “ll” del alfabeto, reconociendo que en realidad son dígrafos (combinaciones de dos letras) y no letras independientes. Sin embargo, esto no necesariamente afecta su uso en la escritura. El tema es que los hablantes yeístas pronuncian exactamente igual palabras como “vaya/valla”, “haya/halla”, “pollo/poyo”. Y al sonar idénticas, ya no necesitaremos dos letras.
Precisamente, esto genera crecientes confusiones ortográficas. Como señala la RAE: “El yeísmo está tan extendido, tanto en el español europeo como en el americano, que en pocas ocasiones es posible determinar a partir de la pronunciación si una palabra debe escribirse con y o con ll”. La distinción sólo sobrevive en Paraguay (como Manousos), partes de Bolivia, Perú y el Ecuador andino, el noreste argentino fronterizo con Paraguay, Filipinas, y algunas zonas de Colombia.
Así, en 100 a 200 años, es probable que la distinción haya desaparecido completamente del español vivo, y -quizá- se conserve la “ll” únicamente en la escritura, del mismo modo que conservamos la “h” muda.
La aspiración de la letra “S”, otro cambio en marcha
Revista Inesem
Mucho más dramática resulta la aspiración de la letra “s” cuando se ubica al final de una sílaba o de una palabra, e incluso su omisión completa al pronunciarla, un fenómeno conocido como elisión. Y chilenos, nos estoy mirando a nosotros, porque somos los principales culpables, junto con el Caribe y Andalucía, de que la palabra “español” se pronuncie como e’pañol y “hasta”, como ha’ta.
Aquí aprendí algo curioso: esto ya pasó en el francés hace siglos. Donde el español conserva escuela, el francés tiene école; donde decimos espinaca, ellos dicen épinard. Son vestigios de una “s” desaparecida que hoy sólo subsiste como acentos circunflejos (ese gorritô que a los franceses le gusta poner cuando escriben).
Los investigadores distinguen tres etapas: la “s” con pronunciación plena, la “s” aspirada, y finalmente, la elisión o desaparición total. Aspirar las eses (sí, suena asqueroso) es más común en las clases medias, mientras que la elisión predomina en clases trabajadoras (“¿qué pa’a a’í emmanito?“).
Sí. Triste pero el debilitamiento funciona como delator sociocultural que revela el origen geográfico, la clase social y el nivel educativo del hablante.
En regiones donde este fenómeno está más avanzado, como en Chile, Cuba, Puerto Rico, Panamá y Andalucía, la elisión de la “s” alcanza porcentajes superiores al 50% del habla espontánea. Los investigadores del equipo lingüístico de la siempre irritante aplicación Duolingo proyectan que estos procesos continuarán expandiéndose durante el próximo siglo, incluso afectando a zonas conservadoras con el idioma como México central.
El debilitamiento de la “D” entre vocales
El debilitamiento de la “d” cuando se encuentra entre vocales también avanza inexorablemente. En múltiples regiones, “hablado” se pronuncia como habla’o y “terminado” como termina’o, como si estuviéramos cansa’o’.
Lo notable es que este fenómeno se ha extendido desde el habla informal hacia contextos cada vez más formales. Aunque todavía está estigmatizado en eventos oficiales, la elisión de la “d” intervocálica se ha normalizado en la conversación cotidiana de hablantes de todos los niveles educativos.
Lo irónico es que los lingüistas proyectan que, dentro de 100 años, pronunciar normalmente la “d” podría sonar arcaico o excesivamente formal, algo reservado sólo para discursos públicos, la lectura de textos escritos o un tecito en el club de La Unión.
(No pueden decir que BioBioChile no les da buenos temas de conversación. La próxima vez que se junten con un amigo o amiga pueden preguntar, “¿y tú, qué opinas de la elisión de la “d” intervocálica?” Quedarán Like a Sir).
Ya no diremos “iré”, sino “voy a ir”
Extraño como suena pues los idiomas tienden a simplificarse, los lingüistas están documentando cada vez más cómo el llamado futuro simple (cantaré) está siendo reemplazado por una perífrasis, es decir, una construcción gramatical (voy a cantar).
Un estudio de investigadores de las universidades Tufts, East Carolina e Indiana, demuestran que en Caracas y Ciudad de México la perífrasis ya se ha generalizado para expresar el futuro. España mantiene una mayor vitalidad del futuro simple, pero la tendencia latinoamericana parece marcar hacia dónde evolucionará nuestro idioma.
Por su parte el subjuntivo -con el cual expresamos deseos o dudas- está prácticamente muerto. Por ejemplo las expresiones “cantare” o “hubiere cantado” están casi extintas desde el siglo XVII, sobreviviendo únicamente en textos legales. La RAE documenta que “comenzó a perder vitalidad a partir del siglo XIV” y “perdió casi toda su vigencia en la época barroca”, mientras que investigaciones del doctor en lingüistica, Juan Moreno de Alba, revelan que solo el 0.003% de los hablantes mexicanos utilizaba esta forma en escritura ya en 1972.
El español chileno: ese un maravilloso laboratorio de evolución lingüística
¿Eso que hablan en Chile es español???
Los chilenos decimos que hablamos mal, mientras el resto de Hispanoamérica dice que no nos entiende. Sin embargo para los lingüisticas e investigadores, nuestra particular forma de comunicarnos es un fascinante laboratorio sobre posibles cambios que podrían extenderse luego al español global.
Por ejemplo, la aspiración de “s” ya está mucho más avanzada en Chile que en la mayoría de los dialectos regionales americanos, pero una investigación de Eduardo Llanquiman, docente de la Universidad de Chile, demuestra una faceta inesperada: los hombres chilenos omitimos la “s” con mucha más frecuencia que las mujeres.
¿Por qué esta diferencia? La sociolingüística ha documentado que las mujeres tienden a preferir formas de hablar más conservadoras o con mayor prestigio, mientras que los hombres somos más propensos a adoptar variantes locales o innovadoras (o sea, onvres). En Chile, la pronunciación plena de la “s” se asocia con educación formal y habla cuidada (pos hombre), mientras que la elisión (omisión de la “s”) marca habla coloquial. Los hombres, especialmente en estratos más bajos, eliminan la “s” en porcentajes que superan el 70 al 80% del habla espontánea.
Estudios específicos muestran que en el estrato sociocultural bajo de Santiago, la omisión de la “s” alcanza promedios del 50%, pero esta cifra varía significativamente por sexo. Las mujeres mantienen mayores tasas de aspiración (pronunciar la s levemente, como en un suspiro) incluso en contextos informales, mientra que lo hombre llevamo el debilitamiento ha’ta la de’aparición completa de e’ta letra.
El voseo chileno y la campaña de Andrés Bello de “Usted no lo diga”
¿Sabían que el voseo chileno es único en el mundo hispanohablante por su modalidad mixta? Combina el pronombre “tú” con conjugaciones voseantes (tú sabís, tú tenís). Esta peculiaridad resulta de un proceso histórico fascinante vinculado a las políticas culturales del siglo XIX.
Andrés Bello, el influyente educador venezolano radicado en Chile, promovió en el siglo XIX una “prolífera campaña escolar por erradicar el pronombre vos”, por considerarlo “un barbarismo que debía ser desarraigado”. Bello estaba profundamente influenciado por el purismo lingüístico de su época y veía el español de España, especialmente el de la Real Academia Española, como el modelo “correcto” a seguir.
Esto porque en España, el “vos” había desaparecido siglos atrás siendo reemplazado por “tú” y “usted”. Es irónico, porque el voseo tiene raíces en el español clásico del Siglo de Oro y que incluso Cervantes lo usó en el Quijote. De hecho, “vos” era la forma de respeto mientras “tú” era íntima, pero con el tiempo España adoptó “usted” para el respeto y “tú” para la intimidad, dejando “vos” obsoleto en la península… pero vivo en América.
Existía entonces una odiosa jerarquía lingüística colonial: el español americano se percibía como versión “degradada” del español europeo, y el voseo se consideraba una desviación de la norma. El proyecto educativo de Bello creía que “civilizar” a la población pasaba por eliminar formas lingüísticas consideradas “vulgares” o “rústicas”, asociadas con clases rurales y menos educadas.
Pero el resultado fue peculiar: la campaña de Bello logró eliminar el pronombre “vos” del habla chilena, pero no pudo erradicar las formas verbales voseantes. Los chilenos dejamos de decir “vos sabís” (que venía de “vos sabéis”) pero seguimos diciendo “tú sabís”, creando este híbrido único que tenemos hasta hoy.Andrés Bello
¿Hablamos chiquitito por los mapuches?
Todos sabemos que los españoles acabaron por dominar a los mapuches e imponerles su idioma. Lo que no sabemos es que los mapuches contraatacaron y su idioma llegó a influenciar fuertemente la forma en que los chilenos hablamos el español.
A este respecto, la investigación del doctor en lingüística, Scott Sadowsky, es su artículo “Español con (otros) sonidos araucanos”, demuestra algo sorprendente: el español de Chile suena diferente porque sus vocales están influenciadas por el mapudungún, la lengua nativa del pueblo mapuche.
¿Cómo se explica esto de manera simple? Imagina que las vocales del español “normal” (como el de España o México) ocupan mucho espacio en tu boca cuando las pronuncias: la “a” se abre mucho, la “i” se pronuncia muy adelante y arriba, la “u” muy atrás. Podríamos decir que son vocales “grandes” y bien definidas.
En cambio, las vocales del mapudungún se pronuncian todas más hacia el centro de la boca, ocupando menos espacio. Son vocales más “pequeñas” y centralizadas. Los chilenos pronunciamos las vocales del español de manera parecida al mapudungún, es decir, más centralizadas, menos abiertas, ocupando menos espacio en la boca.
Sadowsky midió esto científicamente y descubrió que “las vocales del castellano de Chile y las del mapudungún son fuertemente medio-centralizadas y ocupan una proporción menor del espacio acústico”, mientras que las vocales de otras variedades del español “son casi sin excepción, periféricas”, o sea, bien abiertas y definidas.
Su conclusión es categórica: “Es probable que el sistema vocálico del castellano chileno se haya reorganizado bajo la influencia del mapudungún”. Esto significa que cuando los mapuches aprendieron español hace siglos, retuvieron su manera de pronunciar las vocales y esa pronunciación se traspasó luego al español de Chile… ¡incluso entre personas que nunca hemos hablado mapudungún!Memoria Histórica Chilena
Esta hipótesis no era nueva. El filólogo alemán Rodolfo Lenz, quien vivió entre 1863 y 1938, siendo fundador de la lingüística científica en Chile, ya la había formulado, aunque encontró fuerte resistencia en su época. Sadowsky por su parte es cauto, argumentando que “lejos de ser un tema resuelto, la posibilidad de que el mapudungún haya incidido en el castellano chileno merece ser investigada a fondo”.
Y claro, no olvidemos los préstamos emblemáticos de los mapuches al español chileno, con términos como poncho (del mapudungún pontro), copihue, pololo, guata o cahuín.
Estados Unidos será el escenario decisivo para el español del siglo XXII
Un punto final curioso es que el futuro del español se jugará en territorio estadounidense. Con 65,2 millones de latinos (ya el 19,5% de su población), Estados Unidos es el segundo país con más hispanohablantes del mundo después de México. Es más, según ElCastellano.org, se proyecta que para 2050 podría superarlo.
Por su parte, el sociolingüista Francisco Moreno Fernández, proyecta tres posibles escenarios para el español a partir de cómo evolucione en Estados Unidos:
Asimilación en el inglés
Si cesa radicalmente la inmigración, el español desaparecería gradualmente, dejando un uso residual y mezclado de nuestro idioma.
Mezcla
Si los hispanos en EEUU se mantienen en una posición social baja, se favorecerán “soluciones mezcladas” del idioma tipo Spanglish.
Biculturalidad
Si continúa el crecimiento demográfico de hispanos y se consolida su posición social, el español podría equipararse cualitativamente al inglés, creando una sociedad bilingüe.
“Cuanto menos prestigio social consiga la población hispana, más probabilidades habrá de que se favorezcan las soluciones mezcladas”, advierte Moreno Fernández. “El caso de Florida ya demuestra que el prestigio económico confiere “peso cualitativo” a la lengua”.
Fuente: BioBioChile




