Un nuevo debate se generó en torno a las cifras del Censo 2024 sobre el uso de bicicleta para el desplazamiento hacia el trabajo, que alcanzaron solo un 3,8% a nivel nacional.
De acuerdo a expertos, la cifra alerta de falencias en el uso de este medio de transporte, por lo que instaron a evaluar la existencia de ciclovías y algunos más radicales, llamaron a eliminar aquellas con bajo flujo para mejorar otros aspectos del espacio público como veredas o ampliación de vías.
De acuerdo al Censo 2024, un bajo porcentaje de la población nacional prefiere desplazarse a su lugar de trabajo en bicicleta.
En total, un 42,1% prefiere el transporte público, un 35,3% el auto particular, un 10,2% caminar, un 3,8% la bicicleta, un 1,4% la motocicleta, un 0,1% a caballo, lancha o bote y un 7% otro.
En el Gran Santiago, el 54% de las personas va a trabajar usando transporte público. El resto, 29% se va en auto particular, 8% caminando y 3% en bicicleta.
Según señaló a través de su cuenta de X el decano de Ingeniería de la UDP, Louis De Grange, este “valor se mantiene desde hace 15 años. Las dos comunas en que el uso de bicicleta supera el 6% son Providencia y Vitacura”.
En conversación con Emol, el también ex presidente de Metro explicó que “comparativamente, el uso de la bicicleta en Chile no es bajo en términos promedio (4%). En ciudades más pequeñas, con menores distancias de viaje, existe mayor uso y mayor potencial de desarrollo, aunque en ciudades más grandes, con mayores distancias, o ciudades con pendientes o peor clima, su uso se hace más difícil”.
“Sin embargo, esta cifra se ha mantenido por muchos años, lo que demuestra que el aumento de ciclovías o de facilidades para los ciclistas no va de la mano con un aumento en su uso, y mucho menos con reducir el uso del automóvil”, enfatizó.
En esa línea, subrayó que “creo que es importante sincerar esta situación, a fin de priorizar políticas de transporte más efectivas que efectistas”.
Al respecto, el académico de Ingeniería Industrial PUCV, Franco Basso, mencionó en la misma red social que “se confirma lo que venimos viendo hace una década. La bicicleta no mueve la aguja en movilidad”.
A su juicio, “hay que revisar todas las ciclovías, y eliminar todas aquellas que no hayan tenido flujo suficiente y tengan un mejor uso alternativo. Se debe interconectar mejor las que si funcionan”.
¿Cómo revertir la situación?
Basso en diálogo con este medio profundizó en que “los datos del Censo 2024 vuelven a poner de manifiesto que la bicicleta no ha logrado penetrar como modo de transporte en viajes al trabajo, más allá de algunas comunas acomodadas. Y, por lo tanto, es relevante poder hacer una revisión completa de todas las ciclovías, tomando en consideración el potencial uso alternativo que tiene el espacio vial escaso que se le asigna a esas ciclovías”.
“Hoy en día tenemos algunos ejemplos de ciclovías, como por ejemplo la que está ubicada en Emilia Téllez, en la comuna de Ñuñoa o Gorbea, en Santiago Centro y una serie de otras en las cuales el flujo es casi inexistente y utilizan gran parte de una vía que podría ser utilizada para mayor espacio para los peatones o evitar que se generen congestiones en el transporte privado de vehículos”, añadió.
A su juicio, “acá lo relevante es hacer un trabajo que sea basado en evidencia, que muestre cuáles son las ciclovías que se están utilizando y cuáles no. Hoy en día la mayoría de los contadores de personas que anotan la cantidad de personas que circulan por las ciclovías no está operando y, por lo tanto, es clave poder levantar esa información para ver cuáles ciclovías tienen un mejor uso alternativo”.
Para De Grange, “conforme se reduzcan las distancias de viaje, la bicicleta se puede tornar más atractiva como medio de transporte. Pero para ello se requieren cambios importantes a nivel de ciudad, mayor densificación”.
Eso sí, advirtió que “no es algo que se logre en el corto plazo por puro voluntarismo de las autoridades, como ya ha quedado demostrado”.
Álvaro Miranda, director del programa de Transporte y Logística UTEM, afirmó estar a favor de la revisión pero reparó en que “si alguien cree que se vaya a fomentar el uso de la bicicleta sin infraestructura, es un error. La bicicleta requiere infraestructura y en la medida que haya más infraestructura, empiezan a haber más condiciones de uso y mucha gente se motiva a hacerlo”.
“Evidentemente hay que ver dónde puede ser más útil y dónde podría tener evidentemente un mayor impacto. No es lo mismo poner una ciclovía en un lugar que en otro. Además, si uno se va al manual de vialidad cicloinclusiva, se establece claramente que como un criterio básico es que las ciclovías tienen que llevarte de un lugar a otro y tienen que estar interconectadas con otras ciclovías”, señaló.
Agregó que “muchas de ellas no cumplen con esa normativa y no cumplen con esa normativa porque buena parte de las ciclovías existentes fueron construidas y diseñadas antes de la existencia de ese manual. Por lo tanto, ahí tenemos una falencia. Es evidente que van a lugares, ciudades o tramos en los cuales la bicicleta puede ser no atractiva y a lo mejor no es una prioridad o podría ser poco apropiado construir una ciclovía. Por supuesto que sí, pero se requiere infraestructura”.
¿Eliminar ciclovías?
Basso profundizó también en su propuesta de eliminar aquellas ciclovías donde circulan menos personas o en algunos casos, su uso es nulo.
En esa línea, sostuvo que el problema que tienen las redes de ciclovías en Santiago “es que la mayoría de las ocasiones dependen de las iniciativas privadas de algunas municipalidades o de algunas empresas que, como medidas de mitigación, tienen que construir este tipo de infraestructura, pero no tienen una visión de país y tampoco una visión de ciudad”.
“Tener ciclovías que pasan la gran mayoría del tiempo vacías, impidiendo un uso más acabado por parte de peatones o por parte del transporte público es algo que tiene que revisarse y eliminar todas aquellas ciclovías que no cumplan con estos estándares mínimos en términos de la cantidad de personas que mueven”, zanjó Basso.
Por su parte, De Grange apuntó que “me parece que es fundamental evaluar el uso de las ciclovías en las ciudades. Es un espacio urbano escaso que debe ser usado de la mejor forma posible”.
“Lamentablemente, no existe información sobre el flujo en las ciclovías, aunque hay muchas que parecieran estar vacías casi todo el día. En esos casos, me parece adecuado reutilizarlas para otros fines, como por ejemplo ensanchar veredas, o volver al número de pistas originales para reducir la congestión”, afirmó el académico UDP.
Para Miranda, “aquellas ciclovías que tenga una baja utilización, no se trata que el hecho de que tenga una baja utilización implique de por sí que esa ciclovía no sirve o que tiene que ser eliminada. Yo creo que hay que ser mucho más exhaustivo en ver por qué se usa poco (…) Puede ser que esa ciclovía es de mala calidad, que estamos conectados con la ciclovía, que deja fuera puntos de interés que son relevantes para los viajes. Por lo tanto, yo creo que hay que hacer una revisión mucho más exhaustiva”.
“No se trata de poner cualquier espacio y decir que esto es una ciclovía. Y aquí hay muchas ciclovías que son muy antiguas y que no obedecen a los criterios de diseño moderno. Así que yo creo que revisarla absolutamente sí, siempre es bueno estar revisando, estar evaluando. Es algo positivo, no cabe la menor duda. Pero no se trata solamente de evaluar la cifra global, sino que hay que irse un poco más al detalle”, recalcó el académico UTEM.
Fuente: Emol.com




