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El modelo matemático que calcula cuánto tiempo más podrás vivir

La ley Gompertz-Makeham es una fórmula matemática que, de alguna forma, puede responder cuánto tiempo puede vivir una persona, tomando en cuenta distintos factores, como el deterioro y el azar.

Cada criatura en el mundo —incluyendo a los humanos— tiene una esperanza de vida distinta. Desde un pequeño insecto volador que puede vivir apenas 24 horas, hasta una medusa que la bautizaron como inmortal, porque puede regenerarse de forma infinita.

Esta última se llama Turritopsis dohrnii, y es un animal marino diminuto y transparente que puede “volver en el tiempo”, a su forma juvenil, cuando sufre estrés, daños físicos o hambre. La medusa es dueña de la fuente de juventud que muchos humanos anhelan para poder vivir para siempre.

Y pese a los esfuerzos que muchas industrias y científicos están haciendo hoy, según la Organización Mundial de la Salud, el promedio de vida de un humano es de 73,4 años.

No obstante, existe una fórmula matemática llamada la ley Gompertz-Makeham que, de alguna manera, puede responder cuánto tiempo puede vivir una persona.

Cómo saber cuánto más podré vivir, según la ley Gompertz-Makeham

En el siglo XIX, el matemático Benjamín Grompertz presentó un modelo matemático que establecía que el riesgo de muerte aumenta exponencialmente a medida que envejecemos.

Esto no es nada nuevo, pues se sabe que con el paso de los años, nuestras células dejan de dividirse lentamente y se van deteriorando hasta que el cuerpo no puede seguir más.

Sin embargo, existe algo curioso en esto: la palabra “exponencialmente”.

La ley Gompertz-Makeham es un cálculo de probabilidad para conocer en qué año podríamos morir, pues el matemático encontró un patrón donde esa probabilidad se duplica cada ocho años.

Es decir, si tienes 25 años, la probabilidad de morir durante el próximo año es minúscula (0,03%), o sea, 1 en 3.000. Pero, ocho años después, a los 33, es 1 entre 1.500. A los 42, 1 entre 750 y así sucesivamente.

Se trata de una ley que se ajusta casi a la perfección en la mortalidad de distintos países e, incluso, en diferentes especies de animales.

Pero en 1860, el científico William Makeham agregó un factor más a la ley: la muerte sí sucede por el deterioro, pero también por el azar, pues no importa cuán joven o viejo seas, puedes fallecer por otras razones, como una enfermedad o accidente.

De esta manera, se estableció esta ley que muchos seguros de vida toman para vender pólizas, pero que funciona como herramienta también para demógrafos, sociólogos, biólogos y biogerentólogos.

FUENTE LA TERCERA

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