La conocida revista “Muy Interesante” publicó recientemente una impactante historia de la tragedia de un minero, que falleció hace cientos de años y que gracias a las nuevas tecnologías permitió esclarecer las razones de un fatal accidente minero.
Según menciona la publicación, un hallazgo arqueológico está cambiando la manera en que entendemos el trabajo y los riesgos cotidianos en el mundo prehispánico. Se trata de los restos momificados de un hombre que murió atrapado en una mina de turquesa, sepultado por un colapso repentino mientras cumplía su labor. Su cuerpo, preservado por la sequedad extrema, se ha convertido en un testimonio silencioso del coste humano detrás de los recursos que circulaban por las redes comerciales andinas siglos antes de la llegada de los conquistadores.
El individuo fue encontrado en la década de los años 70, cerca de la actual ciudad de El Salvador, en la Región de Atacama. Sin embargo, recién en 2023 un equipo de arqueólogos aplicó técnicas avanzadas de imagen —tomografías computarizadas y rayos X— para analizar sus huesos. El resultado fue revelador: múltiples fracturas graves en la espalda, costillas y clavículas, sin señales de curación, lo que apunta a un derrumbe súbito dentro de la mina. La ausencia de lesiones en la cabeza y brazos sugiere una postura defensiva, con los brazos protegiendo el rostro en el instante fatal. Los patrones de trauma coinciden con los que hoy se observan en víctimas de derrumbes mineros modernos, aunque este accidente ocurrió hacia el año 900 de nuestra era.
La mina no era cualquiera: estaba dedicada a la extracción de turquesa, piedra semipreciosa de gran valor ritual y estético en las culturas andinas. Asociada al agua, la fertilidad y lo espiritual, la turquesa circulaba por miles de kilómetros a través del Qhapaq Ñan, la vasta red vial prehispánica. Junto al cuerpo se hallaron objetos que refuerzan la dimensión simbólica de su labor: un arco y flechas, bolsas con mineral, cuentas de turquesa y un kit de inhalación de sustancias alucinógenas. Todo indica que el minero formaba parte de un engranaje complejo que vinculaba trabajo, religión y comercio.
En la publicación de “Muy Interesante” se señala que la minería en el mundo andino se practicaba desde hacía al menos dos milenios. No toda era superficial: existían galerías subterráneas como la de El Salvador, donde la falta de soporte y ventilación convertía cada jornada en un riesgo mortal. La datación por radiocarbono sitúa la muerte del minero entre los años 894 y 1016, en plena transición entre la caída del imperio Wari y el surgimiento del poder incaico.
El hallazgo no solo aporta datos arqueológicos, sino también una dimensión humana. Se trataba de un trabajador joven, entre 25 y 40 años, que murió en condiciones extremas. Su cuerpo preservado es una cápsula del tiempo que revela cómo vivían y trabajaban las comunidades sin escritura, pero con una organización económica sofisticada. Algunos especialistas lo han llamado el “primer obrero documentado” del continente. Una expresión que, aunque discutible, subraya la importancia de este hallazgo: nunca antes se había reconstruido con tanto detalle la muerte laboral de un individuo prehispánico.
La historia del minero momificado del desierto de Atacama es más que un accidente trágico. Es una ventana inédita hacia un mundo de trabajo, riesgo y supervivencia en las entrañas del desierto más seco del planeta. Un recordatorio de que la historia también se escribe entre los escombros de una mina olvidada.
FUENTE: https://muyinteresante.okdiario.com/historia/minero-prehispanico-atacama-accidente-mortal-momia.html




