Por Dr. Jaime Morales Saavedra, director del Centro de Minería de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, adherente de Compromiso Minero.
En Chile, durante años, la escoria de cobre fue vista como un mero residuo industrial, acompañada de una pregunta abierta sobre su destino. Hoy, esa mirada comienza a cambiar. Dicho material, por sus propiedades de dureza y estabilidad, puede tener una segunda vida cuando es gestionado bajo criterios técnicos exigentes.
A modo de ejemplo, Alemania reutiliza cerca del 95% de su escoria siderúrgica y en Japón una parte significativa de la escoria de cobre se integra a la producción de cemento. En Chile, aún con un alto potencial, de los cerca de cinco millones de toneladas que se generan cada año, apenas una fracción recién comienza a revalorizarse.
Proyectos impulsados por Codelco y Anglo American han permitido incorporarla en pavimentos y espacios públicos, demostrando viabilidad técnica y aporte territorial. A ello se suma un marco normativo que hoy entrega criterios claros de seguridad, trazabilidad y desempeño a autoridades y ciudadanía.
Desde Compromiso Minero creemos que la emergencia de estos procesos refleja cómo la minería, cuando avanza de la mano de la evidencia y la regulación, puede transformar pasivos históricos en oportunidades concretas para ciudades y territorios.




