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De residuo industrial a material urbano: la nueva vida de la escoria de cobre

Caminos costeros, plazas y veredas: distintas iniciativas ya están demostrando cómo este material puede volver a la ciudad convertido en infraestructura útil, incorporándose hasta en un 48% en pavimentos y obras viales.

Durante años, la palabra “escoria” estuvo asociada a residuos, grandes depósitos y una preocupación por su posible impacto ambiental. Se trata de un material duro, estable y resistente, que no se disuelve en agua y que, cuando se maneja y trata correctamente, puede reutilizarse de forma segura en obras como pavimentos o elementos urbanos. Nuevas investigaciones y experiencias concretas están demostrando que lo que antes se veía como un desecho puede transformarse en una oportunidad real para nuestras ciudades, la construcción y la economía circular.

Pero, ¿qué es exactamente la escoria de cobre? Según Jaime Morales, director del Centro de Minería de la Escuela de Ingeniería Química de la Universidad Católica de Valparaíso, adherente de Compromiso Minero, “la escoria es el material que queda cuando se produce cobre en una fundición”. Él explica que “al derretir el mineral, el cobre se separa y las impurezas se agrupan formando un sólido parecido a una piedra o a un vidrio oscuro”.

En un país como Chile, líder mundial en producción de cobre, la escoria se acumuló durante décadas en torno a las fundiciones, convirtiéndose en uno de los principales pasivos ambientales de dicha actividad minera. Con el tiempo, sin embargo, se comenzó a mirar este material con otros ojos. Estudios recientes han demostrado que la escoria de fundición, bajo condiciones controladas, presenta una alta estabilidad física y química. En otras palabras, no se trata de un material peligroso, sino de un recurso que puede tener un nuevo uso si se maneja de forma adecuada.

En Codelco, adherente de Compromiso Minero, han impulsado proyectos piloto que han permitido probar aplicaciones concretas que ya cuentan con respaldo técnico del laboratorio de vialidad del MOP, de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, entre otras entidades científicas y académicas. Por ejemplo, se puede aplicar en pavimentación y vialidad, agregando a la mezcla asfáltica hasta un 30% de escoria, y también como estabilizante en la base y sub-base de las obras viales. “Esto ya lo hemos probado en el propio andén de buses de la División, en tramos de caminos como la ruta Concón–Puchuncaví, y en dos pavimentaciones emblemáticas muy próximas a inaugurarse: el camino costero de Loncura, en Quintero, y la avenida Los Pescadores, que conecta Horcón con La Chocota, en la comuna de Puchuncaví”, explica Marcela Pantoja, gerenta de Sustentabilidad y Asuntos Externos de Codelco Ventanas.

También han probado su utilidad en la fabricación de mobiliario urbano y otros materiales de construcción, como adoquines, escaños, baldosas, losetas, fachaletas y maceteros con hasta 30% de escoria. “Esto lo aplicamos exitosamente en la recuperación de la plaza Felix Sanfuentes de Quintero, donde además instalamos juegos para niños fabricados con plástico reciclado e instalamos luminarias solares, transformando el espacio en un ejemplo de economía circular y sustentabilidad al servicio de la comunidad”, agrega Pantoja.

Otro es el caso de Anglo American, adherente de Compromiso Minero, quienes en su Fundición Chagres aseguran que el futuro de la reutilización de escorias es altamente prometedor y se proyecta como una práctica clave dentro de los modelos de desarrollo responsable en la minería chilena. 

Kattherine Ferrada, gerenta de Medio Ambiente de Anglo American cuenta que “solo en Chile existe un volumen estimado de casi 49 millones de toneladas, que podrían reemplazar hasta el 60% de una mezcla asfáltica, permitiendo –hipotéticamente– pavimentar el país de Arica a Punta Arenas 29 veces”.

Durante 2025, Anglo American inauguró el primer camino dentro de la operación construido con una mezcla que consideró un 48,7% de escorias de cobre y un 48,7% de relaves mineros, para 500 metros de longitud y 9 metros de ancho, considerando la evaluación del comportamiento de este camino y, de esa forma, la posible reutilización de pasivos mineros como material de construcción de infraestructura a nivel nacional, potenciando de esta forma la economía circular.

Mediante la innovación, estos proyectos están demostrando que es posible cerrar el ciclo de un material históricamente tratado como residuo, transformándolo en un insumo valioso que permite múltiples usos en beneficio de la comunidad. Esto, además, podría generar un efecto positivo en la economía local, con el desarrollo de proveedores y emprendimientos relacionados con la fabricación de productos en base a este nuevo material urbano: las escorias.

FUENTE: AGENCIA

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