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Auge y caída de Lozapenco: La historia del club que revolucionó el fútbol chileno gracias a un fraude con palos de escoba

La historia de Deportes Lozapenco es tan breve como fantástica. Su auge fue tan inesperado como su declive. Hoy ni siquiera existe el estadio en que jugaba. Sin embargo, el relato de lo que ocurrió en la Región del Biobío sobrevive al tiempo y tiene un lugar de privilegio en el catálogo de anécdotas del fútbol chileno.

Todo partió en 1987. Feliciano Palma, junto a su esposa, compró la empresa de sanitarios y menaje Lozapenco. Le dio trabajo a más de mil 500 personas de la ciudad y al año siguiente invirtió en el equipo de la zona, que estaba en Tercera División. Todos los empleados se hicieron automáticamente socios del club.

Palma hizo crecer al elenco a punta de billetera. Contrató como técnico a Alex Veloso con la asesoría del experimentado Luis Santibáñez y se puso a buscar cracks de selección. El primero que llegó fue Mario Soto, el central que jugó tres finales de Copa Libertadores.

“Querían a alguien que fuera responsable, serio, que tuviera buen nivel. Llegamos y recomendamos dos o tres jugadores más. Logramos hacer una campaña extraordinaria. Hay una parte social en la historia del club. En Penco se había acabado la pesca, la parte forestal, entonces apareció el equipo y le dio alegría a un pueblo. Por eso que cuando uno habla de fútbol, es más que pegarle a la pelota. Es relacionarse con la gente”, le dice a Emol.

El equipo ascendió rápidamente en 1989 a segunda con apenas dos derrotas. Tenía, además de Soto, a figuras como Rodolfo Dubó, José Luis Sánchez y Luis “Pelé” Araya. La prensa comenzó a llamarlo la “Sinfonía Azul”. Feliciano Palma a esas alturas era un ídolo en la ciudad, un mago de las finanzas que daba trabajo con su empresa y alegría con el fútbol.

La ambición crecía a la par de la popularidad de los loceros. El objetivo era la división de honor. A Luis Marcoleta, goleador de fuste antes de convertirse en entrenador, lo contrataron a principios de 1990.

“Se conformó un tremendo plantel. Muy buenos futbolistas, todos muy bien catalogados, con gran currículum. Había para hacer prácticamente tres equipos. Se invirtió harta plata”, comenta.

Deportes Lozapenco era un club modelo. No había problemas de infraestructura y el plantel se alojaba en hoteles cinco estrellas cuando salía a la carretera. Los sueldos que se pagaban eran incluso mejores que los de Primera División y se recibían bonos semanales y mensuales por objetivo cumplido.

“Fue un bonito inicio, con muchas cosas a favor, con un equipo que ganaba y con mucha multitud acompañando hasta que pasó lo que pasó”, afirma Marcoleta.

Parte del equipo Lozapenco en 1990

Lo que pasó es que “se destapó la olla”. A través de la empresa Agrícola y Forestal Penco, Feliciano Palma exportaba palos de escoba a Estados Unidos a un precio ridículo. Si la competencia lo cotizaba a 20 centavos cada uno, Palma los vendía a cincuenta.

Esos precios inflados le permitían recibir íntegramente la restitución del Impuesto al Valor Agregado (IVA), lo que le reportaba mensualmente alrededor de dos millones de dólares. Un fraude gigantesco. Lo descubrieron cuando funcionarios de Aduanas Chile le consultaron a sus pares estadounidenses por la situación.

La respuesta dejó al descubierto el fraude: las autoridades estadounidenses informaron que los palos enviados por Palma ingresaban a un valor de veinte centavos de dólar, y no a los cincuenta declarados por el empresario en Chile.

De ahí en adelante, la autoridad descubrió que este modus operandi se repetía en casi todas las exportaciones de Feliciano Palma: un lavatorio con pedestal, por ejemplo, Palma los facturaba a US$ 152, cuando el precio real era de US$ 11.

Palma se escabulló a Argentina para evadir a la justicia y de ahí viajó a Estados Unidos. En Pennsylvania intentó abrir una fábrica de loza, pero al iniciar los trámites se dieron cuenta de quién era. Agentes del FBI lo detuvieron el 31 de julio de 1991 en un restorán de Manhattan.

Se le extraditó y el ’94 lo condenaron a once años de cárcel. En 2003 volvió a caer en prisión por intentar cobrar un cheque falso y en 2013 por una deuda pendiente por sus delitos tributarios.

“Era un hombre inteligente, aunque cometió errores. Yo me quedo con que le dio una alegría a la comunidad por largo tiempo. Dio trabajo, le dio opciones de ir a un campo de juego y sentirse feliz por un momento. Con nosotros fue extraordinario, siempre nos cumplió”, recuerda Mario Soto.

Deportes Lozapenco aterrizó de golpe en su nueva realidad. Nada de lujos y puro esfuerzo. Pese a los problemas, el equipo logró mantener la categoría, pero en el ’91 ya no pudo más. Volvió a tercera y se mantuvo ahí hasta que la nueva empresa Fanaloza cortó definitivamente el financiamiento para el fútbol. Los sueños de grandeza se disolvieron en el aire.

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