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“Ahora que los selk’nam son la imagen de Chile, contemos cómo los matamos”: Felipe Gálvez, director de la película premiada en Cannes “Los colonos”

La película chilena que se estrenó en el festival de Cannes narra el exterminio de esta comunidad indìgena a principios del siglo XX en Tierra del Fuego.

“Lo que no entiendo es porque pelean por una tierra donde no hay nada“.

La frase es pronunciada por el teniente MacLenan en medio de la isla de Tierra del Fuego, ese remoto y extenso lugar ubicado en el fin del mundo donde ocurre la pelìcula chilena “Los colonos”, del director Felipe Gálvez.

MacLenan es uno de los tres personajes principales de esta película -los otros son un mercenario estadounidense y un mestizo criollo- que narra el exterminio del pueblo indígena de los selk`nam, que habitaba esta zona, ocurrido a principios del siglo XX en la región más austral de Sudámerica.

Los colonos.
Los colonos.

En un lenguaje cercano a las películas del lejano oeste, Gálvez aprovecha los enormes paisajes de Tierra del Fuego para narrar una batalla por una región en la que, de acuerdo a MacLenan, “no había nada”.

“Los colonos” fue estrenada en el reciente Festival de Cannes, en Francia, donde recibió el premio de la crítica internacional.

BBC Mundo conversó con el director Felipe Gálvez sobre las intenciones y el alcance de una película que cuenta una historia pocas veces narrada en el cine latinoamericano.

Felipe Gàlvez.
Felipe Gàlvez.

Los colonos es el primer largometraje del director chileno Felipe Gálvez.

Esta es la historia de una aniquilación, de una masacre en Chile. ¿Cuál es el motivo por el que decides contarla?

Porque creo que esta es una de las más violentas y contradictorias. A ver, en Chile tenemos la historia reciente de una dictadura, y al país también le ha costado escribir esa historia oficial. Tienes lo que pasó en el gobierno de (Salvador) Allende, lo que pasó en la dictadura de (Augusto) Pinochet, y son versiones que polarizan. Entonces se mantiene un discurso constante de no hablar sobre esos temas o mejor mirar al futuro.

Entonces te llama la atención lo que lees sobre este pueblo, los selk’nam, sobre el que hay evidencias de que se ejecutó un genocidio. Pero ahora, el mismo Estado que los mandó aniquilar, los muestra como la imagen del país, como si esa masacre nunca hubiera ocurrido.

No hay otra historia de Chile que se cuente así: un pueblo que fue objeto de un genocidio hace 120 años termina siendo un souvenir que puedes comprar en los aeropuertos. O cuando recorres las carreteras en distintas partes del país te encuentras la figura de los selk’nam como el logotipo de una empresa.

Es como si hubiéramos borrado esa página de la historia, como si nada de eso hubiera pasado. Ahí veo una contradicción que merece ser contada.

El paisaje es el cuarto personaje, ¿por qué hay tanto énfasis en mostrar esos espacios abiertos, desérticos, fríos?

Yo creo que eso tiene que ver más con un respeto mío al género, el western, que a una búsqueda personal.

A mí me interesa que el espectador se sienta conectado con el cine y creo que, al mostrar esos planos abiertos, donde están los caballos presentes, se logra que el espectador se meta en la película, especialmente en la primera parte, que se meta en el género del western y de las películas de aventuras.

Esos paisajes sirven para mostrar los códigos de lo que vamos a contar y, sobre todo, que esto no es una representación de la realidad sino que estamos viendo una película, una ficción.

¿Era el western, un género creado para el cine como señalas, la mejor forma de contar la historia de la aniquilación de los selk’nam?

Sí, es cierto que esta historia ocurre en Tierra del Fuego, que es el extremo opuesto a donde ocurren la mayoría de los westerns, pero a la vez es también tierra de nadie, como una tierra sin ley, una tierra donde la presencia del Estado es nula. Y una sola persona puede hacer la ley.

También hay una parte en la película que un poco satiriza sobre la frontera, propone que la frontera es una propiedad y no un tema de la soberanía de los países. Y lo digo porque no se trata solo de una película de western. Hay humor, no solo me ocupo de un género para transitar estas historias que son sumamente violentas.

Lo que más me interesa, como te decía, es que el espectador pueda hacer un viaje. Que no sea algo que no quiera mirar. Que sea una película que cuando se termine, el espectador diga “bueno, me gustaría verla de nuevo”. Busco distintas maneras para que sea una película donde el espectador se pueda conectar con muchas cosas.

En una de las escenas, donde hay bastante humor, dejas claro que en América Latina desconocemos los territorios que habitamos, no sólo en 1901 sino en la actualidad. ¿Cómo llegas a esa idea?

Llego a esa idea porque si ves el mapa, Tierra del Fuego es una serie de islas que comparten Argentina y Chile de una forma un poco arbitraria. Entonces me preguntó ¿cómo se repartieron esas islas?, ¿cómo se repartieron todo Sudamérica?

Y si todavía, con todos los adelantos tecnológicos, cuestionamos cómo se hacen los mapas, no más imaginemos cómo era hace 200 años. O sea, realmente era un tipo señalando “es por acá”.

La historia de lo que pasa con los selk’nam tiene que ver con la propiedad privada y lo que va a ser la propiedad privada tiene que ver con ir a cercar, con definir un territorio que es tuyo y sobre esa definición de un territorio que es tuyo está la definición de un país que lo declara suyo.

Y ahí yo veo una ironía. Un chiste. Que las líneas que se marcaron en este continente corresponden simplemente a problemas económicos, o sea, hasta dónde un país podía llegar o hacerse cargo y no iba a generarse un conflicto con otro país.

Has dicho que te gusta provocar y una de las escenas más importantes de la película es bastante explícita sobre la violencia que se ejerció contra los selk’nam. ¿Lo hiciste con esa intención?

No. Cuando hablo de provocar, hablo de elegir temáticas que te muevan.

A ver, es muy difícil hacer cine, es difícil imponer una agenda sobre una película que uno quiere hacer y que la gente quiera mirar.

Yo creo que el de los selk’nam es un tema que genera un alto interés en Chile. Por su imagen, por lo que decía de que se habían convertido en souvenirs. Entonces pensé que era una buena idea contar cómo los matamos. Ahí sí voy con la provocación.

Porque al mirar la historia hay muy pocas películas que hablan de ellos y creo que hay una responsabilidad de mostrar lo terrible que fue esa masacre. O sea, si no voy a mostrar que hubo gente que cortaba orejas para recibir dinero, me parece que estoy omitiendo un detalle demasiado grande.

Selknam
Selknam

Los selk’nam fueron casi aniquilados durante finales del siglo XIX y principios del XX por una lucha por las tierras para la gandería.

Entiendo que cuando tomo esa decisión la película se torna oscura y muy violenta, pero creo que lo que corresponde es mostrarlo como tal, porque también entiendo que no van a haber tantas otras oportunidades de hacerlo en una película que se muestre no solo en Chile, sino en otras partes del mundo.

Y lo cierto es que si uno analiza la escena puede ver mucha violencia, pero lo que se dejó afuera fue mucho más fuerte. Uno abre Google o Wikipedia y lee sobre esa historia, y hay mucha más violencia.

Además, había otro riesgo: que al tratarse de una película western, la violencia se viera normal. Y para mí esa escena que mencionas era la escena más importante de la película.

Ahí es donde los personajes cambian y cambia la relación que tienes con ellos hasta ese momento. Entonces la escena tiene que justificar ese cambio de conexión con los tres personajes, tenía que ser una escena fuerte en todo sentido. Sabíamos que iba a ser violenta, pero también nos preocupamos porque hubiera un condimento visual, sonoro. O sea, no se trataba de que fuera solo violenta, sino algo que puedas recordar, que te deje pensando.

Has dicho que no confías en los textos históricos, sobre todo en el tema de la aniquilación del pueblo selk’nam, pero a la vez se nota una rigurosidad en el guion. ¿Cómo trabajaste para lograr ese realismo?

A ver, la realidad es que no hay un rigor histórico.

Hay mucha información, eso sí, y me aferré a seguir las reglas del cine. Tomé lo básico de la historia, es decir, existió (el terrateniente) José Menéndez, existía (el teniente británico) McLelland, involucrados en la historia…

En la película planteo que hubo reuniones entre el gobierno de Chile y Menéndez. Y sí las hubo. Pero es a partir de ahí que se genera una película, y son las personas del guión y los que manejan la cámara los que pueden intervenir en ese relato.

Reparto de Los Colonos.
Reparto de Los Colonos.

El reparto de la pelìcula durante el Festival de Cannes.

Lo digo al final de la película. Esta no busca ser realista, no busca ser didáctica, no busca estar atada a la realidad.

Y cuando digo que no confío es porque no sé qué tan manipulados están los textos que hablan de lo que ocurrió en aquellos años. ¿Puedo confiar en las imágenes que tenemos de los selk’nam?

Hay testimonios claros de que muchas de esas fotos fueron tomadas después de que los llevaran a una hacienda, les pusieran una ropa y les dieran un dólar: muchos de esos fotografiados vivían en la ciudad, no en Tierra del Fuego.

Y los textos que hay a disposición sobre este tema en Chile, pues sus autores son dudosos por lo menos.

Esta película muestra lo racistas que hemos sido en Sudamérica, ¿también pone en evidencia cuán racistas todavía somos?

Sí. Es una película que habla de racismo, que lo muestra. Y aunque es sobre el pasado, pues repercute en el presente. No solo el racismo, sino también otros temas a los que nos enfrentamos en ese momento y a los que nos enfrentamos actualmente.

La historia se basa en clases sociales, prejuicios, y en los diferentes tipos de racismo que aún siguen vigentes en la sociedad. Y hay muchas personas que me han dicho que se sienten en Tierra del Fuego, porque a pesar de que el vestuario es de época, las ropas son del principio siglo, las conversaciones son las mismas que están ocurriendo hoy día.

Lo que ocurre es que el racismo de aquellos años no era cuestionado. La gente decía las cosas sin mucha represión social. No había pensadores, ni líderes sociales, ni presidentes que cortaran ese discurso. Ahora nosotros escuchamos en esas palabras un alto contenido de racismo, pero cuando yo escribí el guión lo quise hacer sobre cómo las personas hablarían en ese presente, no ahora.

Creo que a veces en el cine se busca encontrar culpas desde el presente con un personaje que vivió en el pasado y a mí eso no me interesa. A mí me interesa tratar de estar en ese momento y, a partir de allí, generar una reflexión de lo que ocurrió que nos sirva hoy.

Fuente T13

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