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Día mundial de la Pizza: mitos y verdades nutricionales

group of students friends eat Italian pizza, hands take slices of pizza in a restaurant, close-up

La académica de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello, Janet Cossio, aclara las principales creencias en torno al consumo de una de las preparaciones más consumidas en Chile y el mundo y explica cuándo puede formar parte de una alimentación equilibrada.

La pizza es una de las comidas más populares a nivel mundial y también una de las más cuestionadas desde el punto de vista nutricional. Su alta presencia en celebraciones, reuniones familiares y pedidos a domicilio ha instalado la idea de que se trata, necesariamente, de una comida “chatarra”. Sin embargo, esta percepción no siempre es correcta.

“La pizza no es intrínsecamente comida chatarra. Su impacto en la salud dependerá de la calidad de los ingredientes utilizados, el tamaño de la porción y el patrón alimentario global de la persona. Ningún alimento, por sí solo y de manera aislada, define la salud”, explica la académica de Nutrición y Dietética UNAB, Janet Cossio.

En el marco del Día mundial de la Pizza, la especialista aclara algunos de los mitos más comunes asociados a esta preparación.

1. “La pizza siempre es comida chatarra” (FALSO)
La pizza puede formar parte de una alimentación equilibrada si se prepara con ingredientes de buena calidad y se consume de manera ocasional. El problema aparece principalmente con las versiones industriales o ultra procesadas, que suelen tener alto contenido de sodio y grasas saturadas. En cambio, una pizza casera o artesanal, bien formulada, puede aportar nutrientes relevantes.

2. “Todas las pizzas aportan exceso de grasa y sal” (FALSO)
El contenido de grasa y sodio varía según la receta. Pizzas elaboradas con masas refinadas, embutidos y grandes cantidades de queso concentran más grasas saturadas y sal. En cambio, una preparación con masa integral, aceites vegetales como oliva o canola y una cantidad moderada de queso reduce significativamente estos excesos.

3. “La pizza no entrega nutrientes beneficiosos” (FALSO)
Cuando se prepara con salsa de tomate natural, la pizza puede ser una buena fuente de licopeno, un antioxidante asociado a la protección celular. Además, al incorporar verduras como champiñones, brócoli, cebolla, choclo, palta o incluso piña, se suman vitaminas, minerales, fibra y compuestos antioxidantes que contribuyen a la salud.

4. “Comer pizza afecta la salud aunque sea de forma ocasional” (FALSO)
“El riesgo para la salud no está en el consumo ocasional de una pizza, sino en los patrones alimentarios sostenidos en el tiempo”, señala Cossio. Una alimentación basada frecuentemente en productos altos en grasas saturadas y sodio se asocia a mayor riesgo de hipertensión y enfermedades cardiovasculares, pero un consumo esporádico, dentro de un estilo de vida activo, no representa un problema.

5. “La pizza no puede ser una comida equilibrada” (FALSO)
Una pizza puede transformarse en una preparación balanceada si se combinan adecuadamente sus ingredientes. El uso de masa integral aporta fibra, las verduras aumentan el valor nutricional y las carnes blancas —como pollo o pescado— contribuyen con proteínas de buena calidad. Controlar las porciones y acompañarla de una alimentación variada es clave.

La académica enfatiza que el mensaje no debe ser la prohibición, sino el equilibrio. Elegir mejores ingredientes, priorizar preparaciones caseras, moderar las porciones y mantener un estilo de vida activo permite disfrutar la pizza sin culpa y de manera consciente, incluso en su día internacional.

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