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Seguridad en los estadios: una definición previa al partido

Por Marcelo Silva, Channel Manager Hytera en Chile.

Los recientes incidentes ocurridos en el partido entre Universidad de Chile y Audax Italiano en el Estadio Nacional volvieron a instalar una discusión necesaria: cómo se están diseñando hoy los planes de seguridad para eventos deportivos masivos. Más allá de las detenciones y sanciones anunciadas, estos hechos evidencian que la seguridad no puede seguir siendo abordada únicamente desde la reacción, sino desde una preparación que considere todos los escenarios posibles antes de que el público llegue al estadio.

En contraste, otros episodios recientes del fútbol chileno han demostrado que la seguridad no se debe limitar al control de accesos o al despliegue de personal. El caso de Universidad Católica, que avanzó en procesos de identificación y sanción tras incidentes en un clásico universitario, refleja una gestión más estructurada, donde el evento se gobierna antes, durante y después del partido. Esa diferencia no es casual: responde a cómo se planifica la operación en su conjunto.

Desde la perspectiva de las comunicaciones críticas, esta brecha tiene una explicación clara. Hoy, la seguridad en eventos deportivos masivos se define mucho antes de que se abran las puertas del recinto. La tecnología dejó de ser un respaldo operativo para transformarse en un componente central del diseño del plan de seguridad. Cuando los equipos de seguridad, producción y respuesta no están conectados en tiempo real, la capacidad de anticiparse se pierde y la reacción suele llegar cuando la situación ya escaló.

Este enfoque es un estándar en experiencias internacionales de gran escala y sí, muy cerca de Chile. En el Gran Premio de São Paulo, que en su edición 2025 reunió a más de 303.600 espectadores durante un solo fin de semana, la seguridad se concibe como una operación crítica. La coordinación de cientos de equipos depende de sistemas de comunicación robustos y confiables —como radios digitales profesionales del tipo BP516, mismas que se utilizaron en dicha instancia, por ejemplo— capaces de operar sin interrupciones en entornos ruidosos, dinámicos, con inclemencias en el tiempo y de alta exigencia, donde cada segundo cuenta.

La diferencia entre un evento controlado y uno que termina en crisis suele estar en elementos invisibles para el público. Cuando existen sistemas de comunicación confiables, es posible redistribuir recursos, aislar focos de conflicto y mantener la operación funcionando sin afectar la experiencia del resto de los asistentes. El desafío para el fútbol local es avanzar hacia planes de seguridad donde la tecnología, la coordinación y la responsabilidad compartida permitan que los estadios vuelvan a ser espacios seguros para familias y aficionados, con estándares comparables a los de los grandes eventos deportivos internacionales.

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