También jugó en O’Higgins. Hoy está en España.
Augusto Batalla, arquero argentino que pasó por Chile, actualmente vive un momento dulce en su carrera. Es parte del Rayo Vallecano de España y destaca en una de las mejores ligas del mundo.
Sin embargo, llegar allí no ha sido fácil. Tuvo que lidiar con momentos muy duros. “Estaba totalmente deprimido, no tenía ganas de salir, no tenía ganas de ir a entrenar, no tenía ganas de relacionarme con nadie”, dijo en entrevista con El Chiringuito.
Batalla desde muy chico destacó y en River Plate lo consideraban una promesa. Quemó etapas, llegó al primer equipo y logró ser el arquero titular. Parecía un sueño complicado, sin embargo, no salió como él quería. Su nivel no fue el esperado y cometió algunos errores que le costaron caro.
“Cuando era pequeño me vino a buscar el Madrid. Decidí quedarme en River porque estaba pronto para debutar. Soñaba con una etapa espectacular y poder crecer. Creo que era mi objetivo. Logré debutar, logré salir campeón, pero no logré sostenerme en el primer nivel como es River, y tuve que reconvertirme, pasar muchos años de ir sumando en distintos lados. Y yo creo que por eso digo que fracasé, porque eran mis propios objetivos y no los pude cumplir”, declaró.
“Al ser joven no tenía tanta noción de lo que era estar en ese arco. Me encontré con errores deportivos que me fueron mermando en lo personal. Y bueno, por eso tuve que reconvertirme, porque uno cuando es joven y no sabe administrar sus propias emociones, acciona y reacciona de mala manera. Me pasaba dentro del campo, me pasaba fuera del campo”, agregó.
Perdió el lugar en River y el gigante argentino lo mandó a préstamo. Primero a Atlético Tucumán y luego a Tigre. En 2019 desembarcó en Chile. Se fue a Unión La Calera y al año entrante pasó a O’Higgins de Rancagua.
“Al principio yo me aislé un poco, no quería estar con nadie, no quería escuchar a nadie y eso te genera todavía más encierro, cosas que, cuando uno es grande, se empieza a dar cuenta que no son correctas, que no está bien aislarse, que siempre está bien pedir una mano, una ayuda. Mis padres siempre estuvieron, mis amigos siempre estuvieron, pero uno va encerrándose, va formando un caparazón que piensa que lo va a defender y es todo lo contrario“, declaró el golero.
La depresión cada vez lo afectaba más. Lo carcomía y afectaba su rendimiento deportivo y su vida personal.
“Uno empieza a hacerse mucho más ermitaño, mucho más cerrado. Después, me costaba mucho dormir, entonces empiezas a recurrir… porque tienes que dormir, eres deportista, si no duermes, no funcionas. Empiezas a recurrir a tomar alguna pastilla relajante para dormir, tuve una época donde por ahí tenía veinte años y me tenía que tomar dos vasos de vino para irme a dormir. No es normal que un chico de veinte años pase por esas cosas. Entonces, empiezas a hacer cosas mal que al otro día te van pesando, te van pesando. Dormiste mal, descansaste mal, no tienes ganas. Es como una rosca, una rueda que es difícil de parar”, aseveró.
Estando en Unión La Calera se produjo un momento trascendental. Le dolía mucho pensar en lo que había vivido hace muy poco en River y entendió que debía buscar ayuda.
“Hay un momento clave de mi vida, que es cuando yo me voy a préstamo, me voy de una sesión a Chile y me encuentro que hacía un año era el arquero de River, una de las máximas promesas, proyectos del club. Y un año después estaba en un club en Chile solo, un club que estaba en nacimiento, un club súper pequeño y me encuentro solo ahí y digo: ‘¿Qué pasó desde la cima de la montaña hasta donde llegué? ¿Qué fue lo que pasó?’. Empiezas a recapitular, a ver un montón de cosas y ahí es cuando dije: ‘No, esto hay que cambiarlo’. No es lo que quiero yo para mi vida, sacando lo deportivo”, relató.
Siguiendo con su testimonio, Batalla dijo: “Y ahí fue cuando dije: ‘Bueno, vamos a buscar ayuda profesional’, que yo también era lo que pensaba que ir al psicólogo era de loco. Y dije: ‘No, yo necesito una ayuda profesional porque solo no puedo salir’. Llamé a un psicólogo, llamé a un preparador físico, un kinesiólogo muy amigo mío. Empezamos a trabajar duro, doble turno todos los días, absolutamente. Iba al psicólogo dos veces por semana. Y bueno, ahí empecé a construir y después te empiezas a sentir bien con vos mismo y empiezan a darse cosas que no siempre se dan. No hay una receta, no es que haces esto, esto, esto y lo otro y sales”.
Luego de O’Higgins, el arquero fichó por San Lorenzo y el buen nivel le abrió las puertas de Europa. Partió al Granada y después el Rayo Vallecano apostó por él.
Hoy cree que personalmente ha “crecido un montón” y está feliz de haber podido transitado ese difícil camino.
Fuente: Emol




