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Pobreza y exclusión: cuando la ocupación se convierte en privilegio

La ocupación, entendida como el conjunto de actividades significativas que dan sentido a la vida, constituye un derecho humano fundamental. Este principio se vincula con los “derechos ocupacionales”, definidos como el derecho de todas las personas a participar en ocupaciones significativas que favorezcan su bienestar y el de sus comunidades, conectando directamente con los derechos humanos internacionales. Sin embargo, en contextos de pobreza, este derecho se ve severamente limitado.

En Chile, la desigualdad estructural y los determinantes sociales condicionan la posibilidad de elegir ocupaciones que promuevan bienestar y participación. ¿Es justo que miles de personas solo puedan ocupar su tiempo en sobrevivir? Esta pregunta interpela directamente a la noción de justicia ocupacional, que implica garantizar acceso equitativo a oportunidades significativas para todos y todas.

La pobreza no solo restringe recursos materiales, sino también la libertad de elección. Cuando la prioridad es cubrir necesidades básicas —alimentación, vivienda y seguridad—, las personas quedan atrapadas en ocupaciones impuestas, muchas veces precarias y desprovistas de sentido. Desde la perspectiva de la Terapia Ocupacional, podemos reconocer que estos contextos no solo condicionan las actividades diarias, sino que generan exclusión ocupacional al limitar el acceso a experiencias significativas y autodeterminadas.

La práctica centrada en la persona y la justicia social, pilares del marco profesional, orientan la intervención hacia la promoción de la participación y la autonomía. Sin embargo, en barrios vulnerables y entre población migrante, los determinantes sociales —educación, salud y redes de apoyo— perpetúan esta inequidad, reforzando la urgencia de diseñar estrategias que transformen entornos y garanticen oportunidades ocupacionales equitativas. ¿Es justo que la ocupación se reduzca a sobrevivir? La respuesta es no. La justicia ocupacional exige que las personas puedan elegir actividades que fortalezcan su identidad, desarrollo y bienestar.

En Chile, iniciativas comunitarias como programas de empleo con apoyo, talleres de emprendimiento en organizaciones sociales y espacios de formación en oficios para mujeres migrantes son ejemplos concretos que buscan revertir esta inequidad. Estos programas no solo entregan herramientas laborales, sino que promueven la participación activa, el sentido de pertenencia y la construcción de proyectos de vida.

La Terapia Ocupacional tiene un rol clave en diseñar intervenciones que consideren contexto, cultura y derechos, trabajando junto a las comunidades para transformar entornos y generar oportunidades reales. Reflexionar sobre pobreza y ocupación nos lleva a reconocer que la justicia ocupacional no es un ideal abstracto, sino una urgencia ética. Mientras existan personas cuya única ocupación sea sobrevivir, la equidad seguirá siendo una deuda social. La Terapia Ocupacional debe posicionarse como agente de cambio, impulsando políticas y prácticas que garanticen el derecho a elegir ocupaciones significativas. Porque ocuparnos no debería ser un privilegio, sino una condición para la dignidad humana.

Por Viviana Rodríguez La Pietra, Académica de Terapia Ocupacional, U. Central

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