Sentirse cansado o con falta de energía es un problema común, especialmente en etapas de mayor carga laboral o tras los 40 años, cuando el cuerpo experimenta cambios que hacen más importante cuidar la alimentación. Una dieta equilibrada puede marcar la diferencia en la forma en que enfrentamos las actividades diarias, ayudando a evitar la fatiga y el desgano.
“Para mantener una adecuada energía durante el día es fundamental consumir cereales integrales como avena, quinoa, pan y fideos integrales, además de frutas, verduras, carnes magras, lácteos descremados, semillas, aceites vegetales y frutos secos. Estos alimentos aportan los nutrientes necesarios para que el organismo funcione correctamente”, explica Janet Cossio, académica de la escuela de Nutrición y Dietética de la Universidad Andrés Bello sede Viña del Mar.
La académica recomienda también moderar el consumo de productos altos en azúcares simples —como bebidas, pasteles o dulces—, ya que generan un rápido aumento de la glucosa seguido de una caída brusca, lo que provoca cansancio y desánimo. Asimismo, sugiere limitar las grasas saturadas presentes en alimentos como mayonesa o mantequilla, que no solo aumentan el colesterol, sino que también pueden contribuir a la fatiga.
Después de los 40 años, recalca Cossio, es clave mantener cuatro tiempos de comida al día, sin saltarse horarios ni abusar de los “picoteos”. En el desayuno y almuerzo se recomienda incluir proteínas de buena calidad —como lácteos descremados, cereales integrales acompañados de palta o proteínas magras—, mientras que en almuerzos y cenas se puede optar por carnes blancas, legumbres o huevos en preparaciones saludables como tortillas o guisos con verduras.
“No debemos olvidar el agua, que es esencial para mantenernos activos y favorecer el buen funcionamiento del cuerpo”, concluye la especialista.
FUENTE: AGENCIA