13 de octubre el gran día ¡¡¡

13 de octubre el gran día ¡¡¡

Al fin la cápsula llegó y Urzúa comenzó su ascenso por el túnel de 66 centímetros de diámetro, cubierto de oscuridad. Diez minutos después estaba en el exterior. Un grito de júbilo llenó el campamento Esperanza, y Chile suspiró al fin. Los 33 mineros rescatados habían pasado 70 días atrapados en las galerías de la mina San José. Entre vítores a Urzúa lo envolvieron en la bandera y acudió a saludarle afectuosamente el presidente Sebastián Piñera, omnipresente en todo el proceso. Antes de que comenzaran todos a cantar el himno, Urzúa tuvo tiempo de hacer una petición: “Que esto no vuelva a pasar”, en referencia a las malas condiciones de trabajo en la minas.
La alegría de la celebración estuvo mezclada con cierta solemnidad. Urzúa besó a sus familiares, pero mientras en las calles de Copiapó sonaban las vuvuzelas y en el campamento cantaban las familias de los rescatados, siguió hablando con el presidente de las condiciones en la mina. Dentro de la mina, el rescatistas Manuel González desplegó una bandera con un mensaje: “Misión cumplida, Chile”.
Minutos después, Piñera recogía el guante lanzado por Urzúa en su discurso ante las cámaras de todo el mundo: “Lo dijimos desde el primer día. Esto no va a quedar impune (…) Ha sido una gran lección para mejorar procedimientos, no solo en la minería”, dijo. Las condiciones de los trabajadores ocuparon el centro de su alocución, acompañado de gritos patrióticos, religiosos y demostraciones de alegría: “Los que tengan que pagar, pagarán”, insistió, antes de concluir con un agradecimiento a todo el equipo de rescate el trabajo desempeñado y un mensaje que reflejó la ola de orgullo nacional, “Chile es ahora más respetado, más valorado en el mundo entero. No es el mismo país que teníamos días atrás”.
Como un programa de TV
El operativo funcionó como un programa de televisión dirigido por Reinaldo Sepulveda ( Director histórico de TVN) . A buen ritmo y sin problemas técnicos, concluyó tras 22 horas de ascensos y descensos cada vez más rápidos al interior de la mina. El viaje de la cápsula Fénix para sacar al primer minero, Florencio Avalos , duró casi una hora; el del último, en el que salió el jefe Urzúa, poco más de diez minutos. El ministro de Salud de la época, Jaime Mañalich, había avisado de que una neblina que en el desierto se denomina camanchaca podría hacer que el ritmo bajara, pero hasta el cielo pareció estar de parte de los mineros y no obstaculizó el proceso.
Los liberados estaban en buen estado de salud. Tras saludar a sus familiares más cercanos, todos pasaban un módulo de aislamiento, donde recibían también la visita de un número reducido de familiares. Luego fueron trasladados en helicóptero al hospital de San José en Copiapó.
El Ejecutivo anunció también que ayudaría a los rescatados a encontrar nuevos trabajos (…), al tiempo que las familias indicaban que correspondía a los propios afectados decidir si van a volver a ejercer como mineros
Los 33 que escaparon de la muerte
“¿Y tú dónde estabas cuando rescataron a los 33 mineros?”. Los periodistas chilenos que cubrimos el suceso decíamos que durante muchos años la gente se haría esta pregunta en el país. La retransmisión recordaba la llegada del hombre a la Luna. Cuando la cápsula diseñada con la ayuda de la NASA bajó hasta los 622 metros de profundidad, los chilenos pudimos ver cómo varios mineros descamisados saludaban a su rescatador. A través de Internet y de la televisión presenciaron cómo el primero de ellos en subir, se despedía de los compañeros con los que había compartido esos días de angustias y emprendía el viaje más largo: 15 minutos de suspenso a lo largo de un oscuro túnel.
Su esposa lo esperaba al lado del presidente, Sebastián Piñera, y su hijo Byron, de ocho años, no podía contener las lágrimas. En el campamento, alrededor de las fogatas, frente a una pantalla gigante o en lo alto de los cerros, cientos de personas estallaron en aplausos. También los periodistas. El campamento se había convertido en un lugar donde se subastaban las entrevistas con los mineros y se las llevaba el que más dinero tenía, ( En ese momento los que estuvimos durante todo el proceso perdimos ante los dólares de los grandes medios nacionales e internacionales)
Durante ese tiempo algunos familiares de los atrapados habían hablado mal de otros, se habían producido disputas por ver quién abrazaría primero a su ser querido.( Como no recordar la historia de mi amigo Jonny Barrios que tuvo que padecer el acoso por una historia mal contada y que decía que tenía dos mujeres al mismo tiempo) Pero en medio de todo eso, de pronto, se hizo evidente la única verdad: 33 hombres escaparon de la muerte.
Fue el turno de Mario Sepulveda ( En la película aparece como el líder lo que no concuerda con el relato de los otros 32) , el hombre que había ejercido de periodista durante las grabaciones de vídeo que filmaban a 700 metros de profundidad ( Equipos enviados por Carlos Aguilar). Siempre había provocado las sonrisas de los demás y ese día no podía ser de otra forma. Desde antes de que asomara la cápsula a la superficie ya venía gritando. Cuando apareció, abrazó al presidente; al ministro de Minería, Laurence Golborne, le llamó “jefazo”, y levantó el ánimo de todos los técnicos gritando el lema que más se oyó esa noche en la mina: “¡Ceacheí, eleé, chi-chi-chí, le-le-lé, los mineros de Chi-lé!”.
Mientras lo metían en la camilla para someterse al primer chequeo médico, dijo a los encargados: “Oigan, el asado no se me ha olvidado”. Apenas había pasado una hora y ya comparecía junto a su mujer y sus hijas ante las cámaras en un discurso donde una vez más dejó muestras sobradas de que se encuentra ante ellas como pez en el agua: “Estuve con Dios y estuve con el diablo. Me pelearon y ganó Dios, me agarré de la mejor mano. Lo único que les pido es que no me traten ni como artista ni periodista (Uff). Yo quiero que me sigan tratando como el Mario Antonio Sepúlveda Espinaze… trabajador, el minero. Yo quiero seguir trabajando porque creo que nací para morir amarradito al yugo, como digo yo. La vida a mí me ha dado cosas muy lindas… me ha tratado muy mal, me ha tratado duro muy duro, pero ¿les digo algo…? Creo que he aprendido cosas maravillosas y a tomar los buenos caminos de la vida”.
Durante los dos meses que duró la catástrofe se habló mucho de la promiscuidad de los mineros en su vida privada. Incluso la esposa del presidente chileno, Cecilia Morel, indicó en una visita al campamento de la mina San José que el estilo de vida de los mineros viene dado por el hecho de que muchos trabajan muy lejos de sus casas.
Los psicólogos habían insistido mucho en que los 33 mineros que quedaron atrapados el 5 de agosto no serían los mismos que iban a ser rescatados. Y en efecto, salieron 33 hombres mucho más religiosos de lo que eran hace dos meses. Emergieron desde las profundidades con una camiseta encargada por el hermano de José Henríquez y que se pusieron sobre la que les envió la ACHS (Que pagó millones por eso ) , el guía espiritual de todos ellos, donde se leía: “Gracias, señor”.
Como ejemplo, poco después de las cinco de la Mañana Samuel Avalos de 43 años, que dijo haber experimentado un proceso de conversión que le hizo sentirse “cerca de Dios” y alejarse de la droga y la bebida, adicciones que marcaron sus últimos 21 años, según explicó su pareja, Ruht Guzmán Donoso, Al salir, Ávalos besó a Ruth, con la que dijo tener “una conversación pendiente”. A través de una de las cartas que Ruth mandó a Samuel en la mina, ella le pedía matrimonio, a lo que él contestó: “Al salir lo hablamos”.
El propio presidente, Sebastián Piñera, en la boca del pozo, no dejaba de mencionar a Dios. Y también expresó en varias ocasiones algo que siempre estuvo presente en muchas familias: el hecho de que fuesen 33 los mineros atrapados no era una casualidad, sino una predestinación del cielo. Esa era la edad de Cristo, 33 días tardó la perforadora del plan B en contactar con ellos, 33 minutos tardó la ambulancia en un simulacro de la mina al hospital y el presidente recordaba que estaban siendo rescatados el 13 del 10 del (20)10, que suma 33. Ahí se iluminó el Presidente.
En fin la historia es larga y no es por buscar reconocimientos pero hubo mucha gente que no fue invitada a ninguna ceremonia posterior ya qué trabajaron sin busca de gloria, algunos dieron lo máximo de su experiencia en materias mineras y otros mostraron su compromiso por informar la verdad y no hacer Relaciones Publicas.
Ahora los mineros están distanciados en su mayoría, la fundación, la película y el libro, les dejaron sólo unas pocas chauchas y ahora están con la mente puesta en la indemnización que ordenó la justicia y que el Consejo de Defensa del Estado apeló para que no se les pague.
Abrazos a los que dimos lo mejor para informar cada día. Un gran reconocimiento a todos quienes transformaron el Campamento Esperanza en un gran lugar dentro de miles de corazones y que lamentablemente quedó como un recuerdo ya qué fue destruido con fines comerciales.

Jorge Medina Yáñez

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