Inteligentes e intelectuales

Inteligentes e intelectuales

Jesús Gines Ortega, “Académico Universidad Santo Tomás”.

Todos somos inteligentes. No todos somos intelectuales. Sería una ofensa grave decirle a una persona en sano juicio que carece de inteligencia, aunque no le ofenderíamos si le decimos que no es intelectual.  Inteligente es el que comprende, se comunica y archiva en su mente todo aquello que vive a su alrededor y en su propia actuación trata de ser coherente con lo que ve, piensa, habla y se comunica. Algunos hablarían de una inteligencia práctica, o sea la que se usa en forma cotidiana y nos hace aparecer ante los demás como una persona común y corriente. Nada de ofensa, hasta aquí

El intelectual es otra cosa. Entiende, piensa, comprende, comunica a un nivel distinto del anterior. Se eleva en su pensar hasta la abstracción de lo real y crea desde su mente mundos distintos que el que habita, personas distintas de las que observa y con las que se relaciona y, en general, trata de explicar a otros su visión de altura, ya sea en forma oral, escrita o por medio de imágenes sugestivas que develan su mundo propio.

A la primera especie –inteligente- pertenecemos todos, sin excepción, naturalmente que con mayor o menor capacidad y ejercicio. Por ello somos humanos –y nada de lo humano deja de ocuparnos, pero solamente al nivel del suelo. A la segunda –intelectual- concurren menos en número, pero generalmente se nos presentan como seres “superiores” con vocación de líderes o guías de la conducta futura de los demás. A estos les fascina la especulación filosófica, la política, la moral y la religión. Aunque debe quedar claro que la mayoría de los filósofos, políticos, moralistas y religiosos se conforman con ser solamente inteligentes y nada de intelectuales.

Hecha la distinción, se nos plantea el problema: ¿Tendrán los intelectuales que imponerse en la sociedad como dirigentes de masas inteligentes o debieran conformarse con brindar sus pensamientos, reflexiones, proposiciones y conductas a los que viven la vida mirando al suelo y contemplando el horizonte que perciben sus ojos, sienten sus oídos u olfatean sus sentidos comunes?

La pregunta queda para la reflexión: ¿Quién debe mandar y tener poder en el mundo; los inteligentes o los intelectuales? Habría que revisar la historia y contemplar quienes son los que han tenido mejor o peor sentido para vivirla. Dejemos en suspenso la respuesta, porque es probable que nos cueste todavía mucho ponernos de acuerdo.

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