En busca de un sueño: Un día en las pruebas masivas de Colo Colo

En busca de un sueño: Un día en las pruebas masivas de Colo Colo

Es lunes 06 de agosto, el inicio de la semana más importante de la última década para Colo Colo. El miércoles debía enfrentar a Corinthians por la Copa Libertadores. Sin embargo, en el estadio Monumental no están preparando el partido. Al interior hay un caos, una verdadera invasión: es día de pruebas masivas.

Al menos 500 niños de las distintas escuelas del club llegaron a la casa matriz del equipo en Pedrero en busca de alcanzar un sueño. Todos quieren lucirse. Es la oportunidad que esperan. Si logran mostrarse, podrían entrar al selecto grupo de jugadores que forman parte de los cadetes del cuadro albo.

Mientras aguardan el llamado para entrar a la cancha, muchos empiezan a preparase. Elongan, mueven las piernas, se comen las uñas. El nerviosismo se siente en el aire. Casi todos vienen con sus padres o apoderados, que incluso se exhiben más ansiosos, mientras que otros simplemente llegaron acompañados por los “profes” de sus respectivas filiales.

Lizardo Garrido, director de las escuelas del Cacique y de captación, explica al sitio del club que la convocatoria fue para las categorías que van desde el 2002 al 2011, de las filiales de la Región Metropolitana y La Calera. Pero el llamado se extendió mucho más allá.

La cantidad de escuelas que llegaron es increíble: la del propio Monumental, Conchalí, Cerro Navia, Puente Alto, Renca, La Granja, Calera-Quillota e incluso desde Rancagua, Valparaíso y Coquimbo.

“Las escuelas de afuera están esperando esta posibilidad para evaluar chicos. A veces algunos tienen la suerte y quedan, y pasan a pertenecer al área formativa del club. La idea es que cada escuela mandara a los mejores tres o cuatro de cada categoría”, puntualiza el “Chano”.

De pronto, suena un pitazo. Es el llamado que todos esperan. Empieza el espectáculo…

Del norte en busca de una oportunidad

Si bien el movimiento comienza dentro de las canchas de entrenamiento de los albos, afuera los apoderados no se quedan atrás. Gritan, apoyan, dan consejos. “Muévete”, “dale con todo”, “muestra lo que sabes”, se oye.

Wilson Araya viajó seis horas desde la IV Región junto a su hijo Demian, de 8 años. Tras pedir permiso en el colegio, partieron junto a la escuela alba de Coquimbo a probar suerte. “Es lo que él quiere, él dice que quiere ser futbolista y yo voy a apoyarlo en la decisión que él tome. Ahora si hay que dejarlo y le va bien, hay que analizar”, cuenta.

¿Y si queda, lo dejaría venirse tan chiquitito sólo a Santiago? “Es difícil, aparte que él es hijo único, así que sería más difícil. Pero es lo que disfruta, lo que él ama y hay que apoyarlo. Está pequeño todavía, y el apoyo es esencial para ellos, acompañarlos, disfrutar y que él se divierta”, añade Wilson.

La comitiva en la que viajaron los Araya es liderada por Michael Jiménez, director de la filial de Colo Colo en Coquimbo. “El aviso nos llegó hace poco así que fue una organización relámpago de cuatro o cinco días. Viajamos en la noche, llegamos hoy día en la mañana, con todo coordinado para poder almorzar temprano o tomar buen desayuno”, detalla, explicando además que el traslado fue en buses comerciales y que todo lo financiaron ellos mismos.

La elección

Luego de algunos minutos en que los niños trataron de lucirse al máximo frente a los DTs de las divisiones inferiores del Cacique, entre los que se encuentran Luis Mena y Eduardo Rubio, se realiza el primer corte. Cientos salen. Sólo un puñado queda. Hay frustración, lágrimas, pero también palabras de aliento, consuelo y felicitaciones para los pocos compañeros seleccionados.

Ahora viene el turno de los más pequeños. El ritual es exactamente el mismo: se dividen por posiciones, se arman los equipos y luego empieza a correr la pelota. Afuera, los padres luchan por hacerse un espacio para poder ver.

A Demian Araya no le va mal, ya que logró ser incluido en la primera selección. Sin embargo, no consiguió llegar hasta la última instancia de la prueba. “Salió un poco ofuscado, se dio cuenta que no lo habían elegido y se acercó a uno de los profesores para pedirle explicaciones. Pero la experiencia es muy buena, muy positiva. Es muy pequeño y ya tendrá muchas más oportunidades”, señala su padre, Wilson.

Según el apoderado, nunca supo qué buscaban para seleccionar a un jugador. “Mi hijo es central y no supimos más menos en qué se enfocaban. Habían niños que jugaban ordenados pero que tocaban muy poco la pelota por la posición en la que estaban en el campo. Y si un jugador no toca la pelota, ¿cómo lo evalúan?”, es su queja.

De todas formas, la escuela de Coquimbo igual tiene motivos para celebrar. “De los nueve jugadores que llevamos, tres quedaron, lo cual es bastante bueno. Con los preseleccionados realizaremos un trabajo específico aparte estos días, para que lleguen mejor preparados para la siguiente prueba. Ya después podrían integrarse a los cadetes”, apunta Michael Jiménez.

El porcentaje de éxito que tuvo la filial del norte es más que positiva, ya que de los casi 500 niños que llegaron a Macul, no más de una treintena tuvo la suerte de ser elegido. El resto, deberá esperar una nueva oportunidad…

 

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