Cobre: ¿fenómeno duradero?

Cobre: ¿fenómeno duradero?

La evolución del superciclo de los commodities continúa recibiendo la atención de los mercados y afectando el desarrollo de las economías ricas en recursos naturales. El fenómeno observado durante los últimos 15 años elevó el precio del metal rojo por sobre los US$ 4 la libra durante el 2011. Desde entonces, sin embargo, el valor de nuestro principal producto de exportación ha descendido constantemente, manteniéndose por debajo de la barrera de los US$ 3 desde el 2015 y bajo los US$ 2,5 durante gran parte del 2016.

Inesperadamente, en los últimos meses noticias positivas sobre el crecimiento chino y una reactivación de la demanda del mineral han impulsado los precios por sobre los US$ 3 la libra. De hecho, desde el fin de mayo pasado el precio experimentó un aumento de casi 20%, el que ha sido moderado solo durante las últimas jornadas. Algunos interpretan la nueva tendencia como una señal del retorno permanente de los altos precios. Sin embargo, tal optimismo parece injustificado. La historia ha demostrado que la anticipación precisa del valor futuro del cobre representa un ejercicio empírico de difícil, si no imposible, ejecución.

Fluctuaciones de corto plazo

Varios factores explican el reciente aumento del precio del metal rojo. La propuesta china de comenzar a reducir parcialmente sus importaciones de chatarra de cobre a partir del 2018 sería uno de los principales factores tras esa alza. En la práctica la medida aumentaría la demanda futura del gigante asiático por el mineral refinado, presionando entonces su precio hoy. El impacto de tal anuncio sería, sin embargo, solamente transitorio.

Parte del aumento también se ha atribuido a los buenos resultados de la economía china durante el primer semestre del 2017. El país creció 6,4% durante el primer trimestre y alcanzó a 6,5% durante el segundo trimestre. Sin embargo, no será sino hasta después del congreso del Partido Comunista (mediados de octubre) que se podrá tener alguna indicación más precisa sobre los planes y directrices futuros de sus autoridades. Pero independientemente de los resultados de tal reunión, es difícil poder anticipar una demanda por cobre continuamente mayor a la esperada desde el gigante asiático. Su modelo de crecimiento económico, con un mercado financiero siempre cuestionado por la fuerte intervención del Estado, es más probable que tienda a reducir sus tasas de expansión que a aumentarlas.

Pero también hay factores ajenos a China que han presionado el precio del cobre al alza. Uno de ellos sería su utilización como un activo para refugiarse ante la incertidumbre internacional frente al conflicto de Estados Unidos y Corea del Norte. Ese comportamiento especulativo, que viene acompañado de un dólar más débil, ya ha sido observado en el pasado. Asimismo, existiría una excesiva sensibilidad de los mercados ante algunas alteraciones puntuales en la oferta mundial del metal y niveles de inventarios, incluyendo lo ocurrido en Chile con Escondida.

Así, al menos en el mediano plazo, todo apunta a la estabilización del precio del cobre bajo la barrera de los US$ 3 la libra. De hecho, el Banco Central de Chile, en su último Informe de Política Monetaria (IPoM), plantea niveles en torno a los US$ 2,75 por los próximos dos años.

La revolución de los autos eléctricos

Los esfuerzos de la industria automotriz por atender la creciente demanda de la población por vehículos menos contaminantes han avanzado más rápido de lo esperado. Solo en Estados Unidos sus ventas han subido a un ritmo de 32% anual entre 2012 y 2016, acelerándose hasta el 45% en el último año. La reducción de costos en su producción, la ganancia en eficiencia de las baterías y una infraestructura pública y privada que facilita la carga de estos vehículos han sido claves para ello.

¿Por qué es esto relevante para el mercado del cobre? La producción de un motor de combustión tradicional requiere 20 kilogramos de cobre, mientras que el motor de un vehículo eléctrico utiliza hoy cerca de 80 kilogramos. Adicionalmente, el cobre es un componente importante en las baterías utilizadas, como también en la infraestructura requerida para ser cargadas (conectores y cableado). Por eso, si existe un elemento que puede generar optimismo en cuanto a una mayor demanda futura de este mineral en el largo plazo, es la incipiente revolución de los autos eléctricos. La misma explica la urgente atención del Estado por promover la extracción de litio, otro mineral utilizado en estos productos y la responsabilidad de Corfo en no zanjar un conflicto pendiente.

A la espera de que tal positivo escenario se concrete, es deseable que el Estado sea cauteloso ante los vaivenes de nuestro mayor producto de exportación. Después de la laxitud fiscal que hemos experimentado durante los últimos años, Chile no tiene otra opción que ajustarse a lo que parece será el más probable escenario de mediano plazo: un precio del cobre más bajo que el observado en el pasado.

Fuente El Mercurio

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